La Alabanza Precede la Victoria

Con mucha frecuencia ocurre que mientras estamos alabando a Dios, Su Espíritu nos dirigirá a entonar cantos de guerra espiritual. Como nuestra lucha no es contra carne ni sangre, nunca debemos de obviar la voz del Espíritu, si nos insta a guerrear en la alabanza, hagámoslo sin dudar.

Salmo 149:6-9: Exalten a Dios con sus gargantas, y con espada de dos filos en sus manos, para tomar venganza de las naciones y dar castigo a los pueblos, para aprisionar a los reyes con grilletes y a sus nobles con cadenas de hierro, para ejecutar en ellos la sentencia escrita. El será esplendor para todos sus fieles. ¡Aleluya!

En la guerra espiritual, no solo ganamos a medida que la espada de doble filo de la Palabra de Dios sale por nuestras bocas, sino que también se ganan grandes victorias en el ámbito espiritual mientras se cantan las alabanzas de Dios. Esto no solamente lo encontramos en la Biblia, sino que lo podemos experimentar en nuestras propias vidas.

Isaías 30:31-32: Porque Asiria será hecha pedazos a causa de la voz de Jehová; con un palo la golpeará. Y sucederá que cada pasada de la vara de corrección que Jehová descargará sobre ella será al son de panderos y de liras. Blandiendo el brazo combatirá contra ella.

La música de alabanza tiene una parte importante en ganar toda batalla espiritual.

Relación entre Alabanza, Profecía y Guerra

En el libro de Apocalipsis, el apóstol Juan nos describe nos describe una escena de alabanza impresionante que habrá de ocurrir al final de los tiempos:

Apocalipsis 19:6-8: Oí como la voz de una gran multitud, como el ruido de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, diciendo: “¡Aleluya! Porque reina el Señor nuestro Dios Todopoderoso. Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio. Porque el lino fino es los actos justos de los santos.

En la actualidad, hay un nuevo sonido de alabanza y adoración que está llegando a la Iglesia, el cual a menudo llega como un sonido ensordecedor, similar al que producen las grandes cataratas, y fuertes expresiones que suenan como truenos y potentes gritos de victoria. En el sonido rugiente, Jesús, quien antes nos había sido revelado como el Cordero de Dios, ahora se nos revela como el León de la tribu de Judá.

Apocalipsis 19:10-11: Yo me postré ante sus pies para adorarle, pero él me dijo: “¡Mira, no lo hagas! Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios! Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero. Y con justicia él juzga y hace guerra.

Más adelante, Juan, describe la gran batalla final, cuando Satanás será encadenado aquí en la tierra.

Apocalipsis 19:19-21: Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.

Hay tres aspectos importantes de esta gran batalla espiritual: adoración, profecía y guerra. A menudo, mientras practicamos la alabanza y la adoración, un “espíritu de profecía” se manifiesta en una “canción espiritual” de guerra. Cuando sucede esto, se ganan grandes batallas en el mundo espiritual porque son atados principados, potestades y gobernadores de las tinieblas.

Salmo 149:8: para aprisionar a los reyes con grilletes y a sus nobles con cadenas de hierro.

Apocalipsis 19 proporciona una descripción de Jesús y Sus santos regresando en esta gran batalla de triunfo sobre el diablo y sus poderes demoníacos.

Apocalipsis 19:12-16: Sus ojos son como llama de fuego. En Su cabeza tiene muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él mismo. Está vestido de una vestidura teñida en sangre, y Su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS. Los ejércitos en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y limpio. De Su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las guiará con cetro de hierro. Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. En Su vestidura y sobre Su muslo, tiene escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Llave para Liberar el Poder Milagroso de Dios

El sacrificio alabanza se lo ofrecemos a Dios independientemente de las circunstancias y de lo que sentimos.  Cuando nosotros enfrentamos alguna situación crítica o desesperada, la alabanza abre el camino para que Dios venga a nuestro favor y nos libere. Muchos miembros del cuerpo de Cristo están necesitados hoy de una intervención sobrenatural de parte Dios en sus vidas, sus familias o sus ministerios, y la alabanza es la llave maestra para que ellos alcancen el poder milagroso de Dios para liberar sus vidas.

Salmo 50:23: El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios.

En las Escrituras encontramos algunos ejemplos de esta verdad:

Jonás 2:9-10: Más yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.

Todos hemos escuchado la historia de Jonás, quien estuvo durante tres días y tres noches en el vientre del pez.  Para muchas personas, incluso gran parte de los cristianos, Jonás es como la Cenicienta entre los profetas. Se nos ha presentado a este personaje de la Biblia como un siervo desobediente que antepuso su desprecio hacia Nínive al mandato de Dios. Sin embargo, el capítulo 2 del libro de Jonás es una oración, una invocación de angustia, tras la cual el profeta termina diciendo: “más yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios, Dios le respondió liberándole y salvándole la vida: “y mando Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”. Este es un ejemplo muy claro del que el sacrificio de alabanza condujo a la liberación del poder sobrenatural de Dios en la vida de una persona.

Siempre que las sombras de oscuridad vienen sobre nuestra vida, familia o ministerio, tal como si estuviésemos en el vientre de un pez, alabemos a Dios con todo nuestro corazón, y Su gloria vendrá cambiando todas las circunstancias.

En lo personal puedo testificar del poder oculto tras el sacrificio de alabanza. Hace varios años, fui diagnosticado con la pérdida de la audición de mi oído derecho. Para ese tiempo yo formaba parte del coro de la iglesia donde me congregaba y me había dado cuenta de que no oía del lado derecho porque cuando usaba el monitor de audífono solo escuchaba sonido del lado izquierdo. Para quien practica la música, el oído es el más importante de los sentidos y yo estaba consciente que oyendo de un solo lado no podría servirle al Señor con la excelencia que merece. Los médicos me dijeron que la sordera es irreversible y que la única solución era utilizar aparatos amplificadores en mi oído afectado. Yo nunca dejé de servirle al Señor en lo que me había llamado a hacer, sino que continué participando de la alabanza sin importarme mi condición. Dios me respondió con el milagro creativo de devolverme la audición completamente, desafiando el veredicto de la ciencia médica. No cabe duda que el favor de Jehová romperá todas las tinieblas.

He aquí otro ejemplo:    

Juan 6:11-13: Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

El ambiente se presentaba de esta manera: una gran multitud había venido para oír a Jesús. No obstante, la gente estaba en un lugar desierto y con hambre. Delante de toda una multitud hambrienta había muy pocos recursos, tan solo cinco panes de cebada y dos pececillos que pertenecían a un muchacho. La clave para desatar un milagro de multiplicación estuvo en el acto de Jesús “haber dado gracias”. Su actitud de alabanza hizo que no solamente fuese suficiente para alimentar aquella muchedumbre, sino que hubo en exceso, llegando a sobrar doce canastas llenas de pedazos de panes.

Si usted está viviendo ahora un tiempo de penuria financiera, o se siente subyugado por ciclos constantes de necesidad, su reacción no debe ser una de queja sistemática. Todo lo contrario, entre en un nivel de alabanza profética, dando gracias a Dios, como hizo Jesús, y el Señor transformará su carencia o escasez en algo más que suficiente, vendrá sobre usted el poder de la provisión de Dios trayendo una unción de multiplicación, y entonces tendrá no solamente lo que necesita, si no que tendrá mucho más, será fecundo. La alabanza quiebra los viejos períodos de escasez y nos lleva a un nuevo tiempo de abundancia.

Si reconoce que existen cadenas espirituales que están atando su vida, su familia, su negocios o su ministerio, entre en batalla, alabando a Dios intensamente y el Señor romperá estas cadenas. En la actualidad  hay muchas personas en la iglesia quienes se hallan condenadas a limitaciones, no consiguen ir más allá, otras están sujetadas por las ataduras de la religiosidad y no consiguen experimentar la manifestación fresca del mover del Espíritu.

Quiero exhortar a todos los lectores a que practiquen el sacrificio de alabanza como una ofrenda agradable a Jehová. El resultado ya está probado: las limitaciones serán franqueadas, los tiempos de esterilidad verán su fin y habrá un nuevo tiempo de cambio de vestiduras, las vendas en los ojos producidas por el espíritu religioso serán quitadas y el Señor dará el manto de Su presencia.

Bendiciones para todos.

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