El Gozo del Sufrimiento

Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

Lucas 6:20-23

Muchas veces nos quejamos de nuestra situación económica, de nuestras necesidades físicas, de nuestras penas y dolores, de las veces que somos rechazados, del desprecio de los demás, especialmente porque seguimos a Cristo. Sin embargo, Jesús nos dice a cada uno de los que padecemos estas cosas que somos bienaventurados porque el Reino de Dios es nuestro, porque seremos saciados, porque reiremos y nos alegraremos porque nuestro galardón es grande en los cielos.

Recuerdo una frase de mi madre: “la que quiere moño bonito debe aguantar jalones”. Lo que ella quería decir es que las cosas buenas requieren sacrificios y pruebas; pero que, al final, se obtiene algo que bien vale la pena el sacrificio. En este siglo XXI, la mayoría de la gente pretende obtener resultados inmediatos y sin ningún esfuerzo. Es lo que yo llamo la cultura del microondas. Ya muchos se han acostumbrado tanto a tenerlo todo listo en segundos que no quieren esperar.

En el ambiente cristiano, las cosas no son muy diferentes. Mucha gente va a las iglesias y se convierte al cristianismo porque escucha o cree escuchar que todos sus problemas serán resueltos si acepta a Jesucristo como su Señor y Salvador. De esta manera, personas cuyas vidas han sido tocadas por la pobreza, la enfermedad, el hambre, la tristeza, la soledad o el rechazo, se acercan a Jesús porque piensan que entonces alcanzarán riqueza, salud, abundancia, felicidad, aceptación o su pareja ideal.

En la mayoría de los casos, las expectativas no se alcanzan y entonces llega la frustración y el enojo contra Dios. La verdad es que la Biblia no promete un lecho de rosas a quienes se arrepienten de sus pecados y deciden reconciliarse con Dios. La razón es muy simple. Mientras estamos en el mundo, hacemos lo que al mundo le agrada. Pero al aceptar a Jesús, el Espíritu Santo que pasa a morar en nosotros nos alerta de los malos hábitos y ya nos cuesta complacer al mundo. Entonces dejamos de serle simpáticos a los que continúan viviendo como lo hacíamos antes y pasamos a ser objeto de burlas. Además, si somos pioneros en el evangelio dentro de nuestra familia, recibiremos ataques por haber abandonado la tradición familiar. Yo viví en carne propia ese rechazo y es posible que tú también lo vivas; pero te aseguro que Dios no miente y, si resistes la prueba, tu galardón en los cielos será grande y perenne. Las cosas de este mundo pasarán algún día; pero lo que va a pasar luego de salir de este mundo es para siempre. Soportemos pues las pruebas y no desmayemos en nuestro caminar cristiano. Nuestro Señor prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo y, luego, estaremos con Él por la eternidad. Dios te bendiga.

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