Haciendo el Bien a Quienes nos Hacen Mal

Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.  Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.  Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.   Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.   Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

Lucas 6:27-36:

¡Qué hermosa lección nos da Jesús! No existe ningún mérito de hacer el bien a nuestros amigos, a nuestros hijos, hermanos y demás parientes. Ciertamente, la gente del mundo, incluso los peores criminales, hace cosas semejantes. El mérito se obtiene haciendo el bien a quienes nos aborrecen, a quienes sacan ventajas de nosotros, a quienes buscan nuestro mal y desean nuestra destrucción. Dios espera que nosotros tengamos misericordia de aquellos cuyas actuaciones para con nosotros no merecerían perdón.

Debemos recordar que toda la humanidad, incluyéndonos a nosotros mismos, no ha hecho otra cosa que pecar ofendiendo a Dios y, sin embargo, Él ha tenido misericordia y perdón. Por lo tanto, el mérito se adquiere haciendo el bien a quien te haya hecho mal.

Cuando alcanzamos misericordia de parte de Dios y reconocemos que hemos alcanzado la vida eterna y el perdón de nuestros pecados, nos encontramos en el primer amor con Jesucristo. Es el momento en el cual anhelamos que todos nuestros seres queridos también sean salvos y comenzamos a evangelizarlos. La mayoría de las veces el rechazo es la respuesta que nos dan y casi siempre, nuestros seres queridos reciben salvación porque una persona distinta de nosotros mismos les habló.

Muy pocas personas piensan en que aquellos que le hayan hecho mal pudieran recibir el regalo de la salvación. Sin embargo, eso es lo que nuestro Señor espera que hagamos. Desear el bien y hacerlo por los que amamos es fácil y no requiere sacrificio. Además, todo el mundo lo hace. Es por eso que Dios no le da mérito. Es como cuando en nuestro trabajo hacemos todo lo que está en nuestra lista de tareas, no hay mérito porque para eso nos pagan. El mérito viene cuando hacemos algo extra, algo que no se esperaba, algo que va más allá de las expectativas.

Dios espera de ti y de mí justo lo que dice un viejo refrán español, que hagamos el bien sin mirar a quién. Dios te bendiga.

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