No Todos Apreciarán un Buen Testimonio

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

Lucas 7:33-34

El testimonio es importante; pero no es necesariamente impactante para aquellos que tienen el corazón endurecido para recibir la Palabra de Dios. Los fariseos y los escribas rechazaron las palabras de Juan y de Jesús. Al primero, a pesar de tener una conducta intachable, un verdadero asceta o ermitaño, lo acusaron de endemoniado. A Jesús, quien se comportaba como una persona normal del pueblo, lo acusaban de compartir con los pecadores.

He escuchado constantemente decir que debemos cuidar el testimonio a fin de ganar almas para Cristo. A mi modo de ver y, conforme a lo que dicen las Escrituras, esta afirmación no es del todo cierta. En verdad, como ya dije anteriormente, el testimonio es una pieza importante para el cristiano; pero nuestra motivación no debe ser para usarlo como anzuelo en nuestra pesca de seres humanos para Cristo.

Muchas veces nuestro testimonio, en lugar de ganar almas, las va a alejar. Recordemos que ninguno de nosotros es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo. En una ocasión, mi esposa y yo dimos nuestro testimonio y de cómo Dios nos ayudó a formar un matrimonio reconstruido y una familia ensamblada. Al día siguiente íbamos a ministrar junto a nuestro pastor y parte de las personas que escucharon nuestro testimonio rechazaron asistir porque no iban a dejarse ministrar por una pareja de divorciados.

La verdadera motivación de vivir en santidad y de llevar un buen testimonio es para agradar a aquel que nos rescató del pantano cenagoso del pecado y escribió nuestros nombres en el Libro de la Vida. Somos embajadores de Jesucristo y, como tales, es nuestro deber ser dignos representantes del Rey de reyes y Señor de señores. Él nos ha confiado para que seamos sus testigos y eso nos debe mover a hacerlo con excelencia.

En nuestro caminar, como testigos de Cristo, habrá lugares y personas que nos recibirán con agrado y se identificarán con nuestro testimonio. Si eso ocurre, demos gloria a Dios y celebremos la victoria. Sin embargo, habrá situaciones total mente distintas en las cuales el rechazo será nuestra cosecha; pero eso no nos lleve al desánimo ni a tirar la toalla en nuestro compromiso de llevar las buenas nuevas de salvación a las naciones.

No tomemos personal el rechazo a nuestro testimonio o a las palabras que llevemos a la gente. El propio Jesús ya lo había advertido que si a Él lo rechazaron, a sus discípulos también algunos los rechazarían. Por lo tanto, hagamos lo que Él nos manda hacer en tales circunstancias, sigamos nuestro camino sembrando la buena semilla en otras tierras. Es posible que nos toque sembrar y otro consiervo nuestro posteriormente cosechará lo que sembramos. La Palabra de Dios nunca regresa vacía y, en su tiempo, dará su fruto. Dios te bendiga.

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