Paz en Medio de la Tormenta

Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza.  Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

Lucas 8:22-25

En nuestra vida nos enfrentaremos constantemente con circunstancias adversas, en lo familiar, en lo laboral, en las finanzas, en la salud, etc. Debemos de estar concientes de que nos azotarán tempestades a lo largo de nuestras vidas. Ahora bien, ¿dormiríamos en paz en medio de las dificultades o padeceríamos de insomnio y nos desesperaríamos cuando las cosas anden mal?

Jesús nos da aquí una hermosa lección de vida. Él se montó en la barca y descansó, ya que sabía quién era, no temía a la tempestad que podría ocurrir y que realmente ocurrió. Cuando sabemos quiénes somos en Cristo, no hay nada que temer. Dios estará siempre socorriéndonos y protegiéndonos. Pero si las preocupaciones de la vida nos mantienen despiertos durante la noche, Jesús nos pregunta ¿dónde está vuestra fe? Él nos ha dado poder para atar y desatar: para atar y echar fuera demonios y para desatar todas las bendiciones que el Padre ha preparado de antemano para cada uno de Sus hijos.

En octubre de 2005, el poderoso Huracán Wilma azotó el sur de Florida donde vivo. Para ese tiempo, teníamos nuestra casa bajo contrato de venta. Además, mi madre y mi suegra, quienes ya pasaban de los 80 años, vivían con nosotros. Mientras rugían los fuertes vientos del huracán y caía la intensa lluvia, decidimos entonar alabanzas al Señor, tal como hicieron Pablo y Silas en la prisión (Hechos 16:25-26). Vimos la gloria de Dios derramarse sobre nosotros ya que, no solo estuvimos sin temor mientras pasaba la tormenta, sino que ni una sola teja de nuestra casa se perdió a pesar de la enorme destrucción que hubo a nuestro alrededor.

Las dificultades, tanto materiales como emocionales, van a pasar a lo largo de nuestra existencia. Ser cristianos no nos evita pasar por enfermedades, pérdida de empleos, hijos rebeldes, problemas conyugales, tormentas, terremotos, heladas, incendios, muerte en la familia, etc. Lo único que nos puede hacer diferentes del resto del mundo en nuestra actitud ante la adversidad.

La clave para soportar todos los problemas y dificultades de la vida en nuestra fe, es nuestra confianza plena en el Dios a quien servimos, quien estará con nosotros en cada momento. Esa fe es la que nos da la fortaleza de comprender que sin importar el resultado, sin importar si entendemos o no lo que pasa, el plan de Dios para nosotros es el perfecto y, en los planes de Dios, no se contempla nada que pueda dañarnos. Dios te bendiga.

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