Investidos de Poder y Autoridad

Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.  Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.

Lucas 9:1-2

Jesús le dio poder y autoridad a Sus discípulos sobre todos los demonios y también para sanar enfermedades. Con ese poder y esa autoridad, los discípulos fueron enviados al mundo con la misión de predicar el Reino de Dios y sanar a los enfermos. Ese poder y esa autoridad que Jesús otorgó a Sus discípulos nos toca a nosotros hoy en día, ya que no está limitado solamente a los tiempos de los apóstoles sino a todos los tiempos hasta el regreso triunfal de nuestro Señor.

Todavía hay demonios haciendo de las suyas, todavía hay millones de personas enfermas que necesitan ser sanadas, todavía existen millones de personas que desconocen las buenas nuevas de salvación. Si los cristianos de hoy aceptamos la gran comisión de hacer discípulos y predicar el evangelio hasta el último confín del mundo, debemos también darnos cuenta del poder y la autoridad que Jesús nos ha dado sobre todo demonio y sobre toda enfermedad.

He visto la manifestación de ese poder de sanar enfermedades en mi propio cuerpo y en el de personas cercanas a mí. Incluso, puedo testificar de sanidades milagrosas, no solo por tocar con nuestras manos a un enfermo, sino por la oración conjunta de varios miembros del cuerpo de Cristo a través de los medios electrónicos. Uno de esos casos notorios en el de Moisés, un joven quien sufrió un terrible accidente de tránsito en Italia. Los médicos lo daban por muerto y su madre pidió a través de un chat de WhatsApp que oráramos por él. Levantamos un clamor de oración por la vida de este joven y en unos días, no solo salió del coma y se levantó, sino que hoy vive su vida normal como si nada hubiera pasado.

Debemos de atrevernos a usar el poder y la autoridad que nos ha dado el Señor para, en Su nombre, sanar enfermos y echar fuera demonios. Hay que tomar en cuenta que no se trata de nosotros. Por lo tanto, no existe el temor de quedar en vergüenza o que nuestro nombre o prestigio va a quedar lesionamos si al orar por un moribundo, éste en lugar de sanar se muere de todos modos. El poder y la autoridad vienen de Dios y usar el nombre de Jesús, no usar nuestro nombre y lo que está en juego es el prestigio de Dios mismo y el nombre que es sobre todo nombre.

Algunos podrían preguntarse ¿y qué tal si oramos por alguien y en lugar de sanar se muere? ¿Ha quedado Dios en ridículo por esa muerte? De ninguna manera, los planes de Dios son perfectos y Él permitió esa muerte quizás porque iba conforme a Sus propósito o para glorificarse con un milagro mayor, como sucedió con Lázaro. ¡Atrévete a dar uso al poder y la autoridad delegada en ti! Dios te bendiga.

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