El Precio de Seguir a Cristo

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

Mateo 10:37-39

Buscar a Jesús y seguirle tiene como condición el negarnos a nosotros mismos y sacrificarnos día a día. Mientras nos resistamos a morir a nuestros deseos y a nuestra propia voluntad, no estaremos siguiéndole realmente a Él. Cuando pretendemos quedarnos en nuestra zona de seguridad, lo que en verdad hacemos es cavar nuestra propia tumba porque pretender salvar nuestra vida sin Jesús es perderla mientras que perder la vida por Su causa es ganancia.

El libro de los Hechos de los Apóstoles está lleno de las historias de quienes no temieron perder sus vidas a cambio de seguir al Señor. Esteban fue apedreado hasta morir, Pedro y Juan fueron encarcelados, Jacobo fue muerto a espada y Saulo de Tarso pasó de ser perseguidor de cristianos a ser el más perseguido y maltratado de todos los seguidores de Jesucristo. Este Saulo de Tarso es el mismo apóstol Pablo, quien fue advertido desde el primer momento sobre lo que iba a padecer por aceptar el llamado, tal como se lee en Hechos 9:15-16: El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

Contrario a lo que muchas veces he escuchado predicar de que hacerse cristiano resuelve nuestros problemas cotidianos, la realidad que vivimos los que servimos al Señor es que pasamos por pruebas muy duras cada día. Hay que ser honesto en la predicación: Jesús nunca prometió que caminaríamos por un lecho de rosas al seguirlo. Todo lo contrario, nos dejó bien claro que íbamos a caminar sobre las espinas de las rosas.

La demanda que nos hace el Señor como requisito para seguirlo es que lo pongamos a Él en el primer lugar. Para algunas personas, ese requerimiento le suena muy fuerte. Podrían decir que sus hijos deben ocupar el primer lugar, o que el amor de madre debe ser lo más importante. Otros, un poco más egoístas, dirían que su propia vida es lo más importante, ya que si no se aman primero ellos mismos, no podrían amar a alguien más.

Pero Jesús en tajante cuando dice que quien ama padre, madre, hijos o a sí mismo más que a Él no es digno de ser Su discípulo. El Señor va más lejos cuando dice que quien busca salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por Su causa la hallará. Suena fuerte, pero Jesús no está pidiendo nada mayor que lo que Él mismo ya hizo. Cristo puso Su vida por ti y por mí. Él sufrió la peor de las muertes, la humillación, el desprecio y la burla solo por ti y por mí. Piensa que quienes debieron estar en esa cruz fuimos cada uno de nosotros, pero Él tomó nuestro lugar. Ahora, negarnos a nosotros mismos y poner en el primer lugar de nuestra vida a quien nos salvó es solo un gesto de corresponderle a quien nos amó primero. Dios te bendiga.

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