Pedir, Buscar y Llamar

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Lucas 11:9-10

Jesús nos dice que si pedimos se nos dará. Dios es nuestro Padre y nos ama, por lo tanto, cuando nos deleitamos en Su presencia, Él nos concede las peticiones de nuestro corazón; Dios es bueno y siempre dará buenas cosas a Sus hijos; Dios es todopoderoso y nada de lo que le pidamos es imposible para Él. Jesús dice también que busquemos y hallaremos. Dios siempre está disponible y en el mismo lugar, así que lo encontraremos cada vez que busquemos de Él. Lo tercero que nos dice Jesús es que si llamamos se nos abrirá. Dios jamás nos dejará en la calle, sino que nos abrirá las puertas de Su cielo y nos dará morada. Él jamás dejará a Sus hijos desamparados. Por lo tanto, de Dios siempre recibiremos, siempre hallaremos y Él siempre nos abrirá.

Jesús nos enseña tres acciones que debemos hacer en oración: pedir, buscar y llamar. Dios siempre dará la respuesta adecuada a cada acción. Él nos dará todo lo que pidamos en el nombre de Jesús creyendo que lo hará. De esa manera, hallaremos lo que buscamos. Finalmente, Dios siempre nos abrirá las puertas atendiendo a nuestro llamado. No podemos dejar de reconocer que hemos sido adoptados como hijos por Dios, quien, como nuestro Padre, nos dará siempre las mejores cosas.

Cuando pedimos estamos reconociendo que carecemos de algo. Estamos exponiéndole a Dios, nuestro Padre, cuáles son nuestras necesidades. ¿Necesita Dios que le digamos lo que nos hace falta? En realidad, Dios conoce todas las cosas y Él sabe de antemano todo sobre nosotros, mucho antes de abrir nuestra boca. Pero Él se complace cuando escucha de nuestros labios nuestras peticiones. Al pedirle, le estamos diciendo a Dios que Él es nuestro proveedor y que lo reconocemos como tal.

Buscamos a alguien cuando lo extrañamos, cuando deseamos compartir con ese alguien. La búsqueda de la presencia de Dios debiera ser nuestro mayor anhelo cada día, cada instante de nuestra vida. Jamás Dios ocultará Su rostro de quien lo busca de todo corazón, de quien anhela encontrarse con el dueño de todo, no por lo que le pueda dar, sino porque lo ama a Él. Buscar a Dios es un acto supremo de adoración y su respuesta siempre será la manifestación de Su gloria en nuestras vidas.

¡Qué bueno es que nos abran la puerta cuando llamamos! Hace muchos años, trabajé como vendedor de puerta en puerta. Un sábado estuve varias horas en una comunidad tocando puertas infructuosamente. Toqué la última  puerta y me abrió una señora mayor quien me invitó a entrar en su casa. Yo busqué mis materiales de venta para explicarle sobre mis productos; pero ella me dijo que no me abrió para comprarme sino porque quería invitarme a almorzar con ella. Me dio vergüenza aceptar su ofrecimiento; pero no me dio alternativa. Fue un gesto muy hermoso de su parte. Y, de la misma manera que esa señora me abrió su puerta cuando la llamé y compartió conmigo su almuerzo, Dios le abre las puertas a cada persona que lo llama y comparte con ella el pan de Su Palabra.

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