Confiando en la Misericordia de Dios

Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación.  Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien.

Salmos 13:5-6

Cuando confiamos en la misericordia y el amor de Dios nuestro corazón no tiene motivo alguno para estar triste sino que debiera cantar de alegría por el bien que Dios nos ha hecho. Dios es nuestra salvación y todo lo que Él desea es bueno para Sus hijos. Dios nunca nos fallará, confiemos siempre en Él, en Su misericordia que se renueva cada día y hagamos de la alabanza y la adoración a nuestro Padre Celestial nuestro estilo de vida.

El ser humano tiene la tendencia a creer que merece lo mejor. Es común escuchar a algunas personas decir que merecen mejor salario en sus empleos, que merecen vivir en una mejor casa y que merecen mejor suerte. También es posible que hayamos escuchado a alguien más afirmarles a esas mismas personas que ellas merecían algo mejor de lo que tienen. En cierto modo, algunas veces podrían tener algo de razón. Ciertamente, en el mundo hay injusticias y, en ocasiones, no siempre el mejor se lleva el premio, sino que el más vivo se alza con la victoria y levanta el trofeo.

Sin embargo, en nuestra relación con Dios, para fortuna de nosotros, no recibimos lo que merecemos. Y me podrías preguntar ¿qué me quieres decir con eso, Tony? Lo que te quiero decir es que Dios no nos da nuestro merecido sino que nos trata mucho mejor de lo que merecemos. Eso no quiere decir que Dios nos da todo lo que pedimos al momento, Él nos da lo que necesitamos y siempre Sus planes para nosotros son mucho mejores de lo que esperamos.

Ahora bien, veamos lo que realmente mereceríamos de parte de Dios conforme a nuestra conducta frente a Él. Todos sin excepción hemos ofendido grandemente a nuestro Creador. Si repasamos uno por uno los 10 Mandamientos, podríamos darnos cuenta de que ninguno de nosotros los ha cumplido a cabalidad. Algunos podrían decir que no han matado a nadie; pero Jesús dijo que enojarse con el prójimo equivale a matarlo. ¿Habrá alguien que no se haya enojado con su hermano, su amigo, su hijo, su padre o con un desconocido? No tenemos excusas, todos le hemos fallado a Dios pecando y la paga del pecado es muerte.

Por lo tanto, lo único que mereceríamos de parte del Dios justo y santo es ser condenados a la muerte eterna por causa de nuestros delitos y pecados. Solo la misericordia y el amor de Dios nos permiten tener la opción de salvarnos. Entonces, no se trata por nuestros méritos sino porque Dios, en Su infinito amor y por Su dulce misericordia, envió a morir por nuestros pecados a Su propio Hijo. En lugar de exigirle a Dios que nos dé una mejor situación en este mundo, primero debemos ponernos a cuenta con Él reconociendo nuestros pecados, arrepintiéndonos y convirtiéndonos al que murió por nosotros. Hoy es el día para que reflexiones y te pongas a cuentas con Dios y aceptes Su hermoso regalo de salvación, gracias a Su misericordia infinita. Dios te bendiga.

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