El Pecado Imperdonable

A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

Mateo 12:32

El único pecado imperdonable es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Luego de resucitar, Jesús dio a Sus discípulos la instrucción de que permanecieran en Jerusalén hasta recibir poder de lo alto. Ese poder que recibirían los discípulos era el Consolador prometido por Jesús antes de morir en la cruz. En el libro de los Hechos de los Apóstoles podemos ver las consecuencias funestas de aquellos que pretendieron burlar al Espíritu Santo.

Hoy en día, hay muchos cristianos que piensan que las manifestaciones del Espíritu Santo son cosas del pasado, de los tiempos apostólicos y que ya no es posible experimentarlas. Estos hermanos que así piensan podrían fácilmente caer en el terrible pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo. Hemos conocido casos también de falsos profetas, mentirosos profesionales que han fingido enfermedades para luego dar falsos testimonios de sanidad, burlándose así de la manifestación poderosa de Dios con el único fin de engañar y manipular a los ingenuos creyentes a quienes agarran de incautos. Esta es otra forma de blasfemar contra el Espíritu Santo.

Otra manifestación de blasfemia contra el Espíritu Santo es asegurar que es simplemente una fuerza o la energía emanada de Dios, negando Su existencia o Su divinidad. La Biblia identifica muy claramente el carácter personal del Espíritu Santo. No es posible que una fuerza o energía tenga emociones como tristeza o gozo; pero una persona sí las tiene. Por tanto, quienes afirman que el Espíritu Santo es una fuerza están errados por completo.

En nuestras vidas vamos a fallarle muchas veces a Dios, de hecho, ya desde temprana edad, cada uno de nosotros hemos estado cometiendo numerosos pecados. La bondad de nuestro Creador nos ha permitido ser perdonados mediante el arrepentimiento. Sin embargo, tengamos cuidado con lo que hacemos porque hay una excepción en la regla del perdón y esa es que el pecado contra el Espíritu Santo nunca será perdonado. ¡No permitamos caer en tan terrible error!

Muchos se resisten a creer en la divinidad del Espíritu Santo, aunque la Biblia es muy clara al respecto. Para ejemplo, veamos lo que nos dice 1 Juan 5:7: Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. El propio Juan también dijo que el Verbo era Dios, por lo tanto, si el Espíritu Santo es uno con el Padre y el Verbo, Él también es Dios, sin lugar a duda. No se trata de si entendemos o no los misterios insondables de Dios y Su naturaleza, de lo que se trata es que obedezcamos Su Palabra y creamos en lo que Él dice sin tratar de dar explicación a lo que va más allá de nuestro comprensión intelectual. Usemos nuestra fe y evitemos caer víctima del pecado imperdonable. Dios te bendiga.

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