Jesús no Vino a Abolir la Ley

Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

Mateo 5:18

Con Jesús pasamos de estar bajo el peso de la ley para estar bajo el amparo de la gracia. Sin embargo, esto no nos da licencia para infringir la ley de Dios porque Jesús no vino a hacer desaparecer la ley sino a cumplirla al 100%. La ley no nos abre las puertas del cielo, la gracia, ese favor inmerecido que vino a través del sacrificio por sustitución de Jesús en la cruz, sí lo hace. Ahora, por amor al que nos amó primero, nos toca cumplir la ley. Cuando cada uno tiene su encuentro personal con el Señor Jesús. Él nos dirá siempre: “Tus pecados te son perdonados, vete y no peques más”.

El tema que trato hoy es un tanto controversial teológicamente hablando. Hay quienes piensan que bajo el nuevo pacto, es decir bajo la gracia, ha quedado anulada por completo la ley. Otros siguen pensando que es necesario hacer las obras de la ley para poder tener opción de “ganarse” el cielo. Desde el punto de vista bíblico, ambas posturas no están al cien por ciento en lo correcto.

Vamos a hablar primero de la ley. Cuando Dios entregó a Moisés los 10 Mandamientos en el Monte Sinaí, Él estableció de manera muy clara cuál iba a ser el estándar para juzgar los actos de la humanidad. Si nos detenemos a meditar sobre cada uno de los Mandamientos nos daremos cuenta de que es virtualmente imposible para ningún ser humano cumplir a cabalidad con las exigencias de la ley de Dios. Si a eso sumamos la redefinición que Jesús le dio a mandamientos tales como no matar o no cometerás adulterio, se ve que cumplir la ley es algo fuera del alcance de la humanidad.

En tal sentido, el conocimiento de la ley nos sirve para identificar lo que Dios considera como pecado. La Biblia es clara, la paga del pecado es muerte y, como nadie es capaz de cumplir con la ley, todos sin excepción alguna hemos pecado y somos merecedores de la muerte. Por tal razón, nadie es justificado por las obras de la ley, lo cual quiere decir que la salvación no depende de cuan buenos hemos sido porque, ante el estándar de Dios no pasamos el control de calidad y quedamos absolutamente rechazados.

Como es imposible para el hombre o la mujer salvarse por cuenta propia, Dios tuvo que utilizar un plan distinto para darnos la oportunidad de salvación. Ese plan consiste en sacrificar a alguien puro, sin mancha y sin pecado para que derrame toda su sangre en sustitución de una humanidad corrupta y pecadora. Ahí es donde entra la gracia, ese ser puro y sin mancha es Jesucristo, quien ocupó tu lugar y el mía muriendo por nuestros pecados para darnos oportunidad de salvación.

La gracia es gratis y al mismo tiempo es invaluable. Es gratis porque nosotros no pagamos por ella; pero es valiosa en extremo por el infinito valor del Cordero inmolado. Ahora, cuando ya somos salvos por gracia, estamos destinados a hacer las obras buenas como agradecimiento a quien nos salvó. La ley no nos salva, pero no fue anulada, sino que en Jesús se aplicó totalmente la ley. Dios te bendiga.

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