La Historia del Joven Rico

Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.  Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.  Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. 

Lucas 18:18-27

La historia del joven rico guarda una enseñanza valiosísima para los que vivimos en esta época tan materialista. Primero que nada vemos que este joven era muy religioso, de ahí la primera llamada de atención que le hizo Jesús: Ninguno es bueno, sino solo Dios. El joven rico afirmaba que siempre había guardado los mandamientos. Probablemente, él se consideraba a sí mismo una persona buena, por lo tanto, su pregunta sobre lo que debía hacer para ganar la vida eterna pudo estar cifrada en la esperanza de que Jesús le afirmara que él estaba en lo correcto.

Su decepción vino cuando Jesús lo sorprendió pidiéndole que dejara todas sus riquezas para seguirle. Hoy día existen muchas personas como el joven rico quienes atesoran riquezas u otras cosas materiales y se aferran a ellas. Hay mucha gente que va a la iglesia, se dicen haber nacido de nuevo y, sin embargo, si Jesús les pidiera que soltaran lo que tienen para seguirle, probablemente se entristecerían igual que aquel joven rico y preferirían seguir pegados a sus posesiones que seguir al Maestro.

¡Cuán difícil es para los que tienen riquezas entrar en el Reino de Dios! Es difícil porque han sustituido a Dios mismo por el dinero y las cosas materiales que poseen, es difícil porque su seguridad descansa en lo que tienen, es difícil porque tienen más fe en el oro que en el propio Dios. Cuando el Señor Jesús habló de la dificultad de los ricos para entrar en el Reino de Dios, sus oyentes se preguntaron ¿quién pues, podrá ser salvo? Jesús les recordó que para Dios nada es imposible. Dios hace posible lo que para nosotros es imposible, Dios creó los cielos y la tierra con el poder de Su Palabra, Dios abrió el mar para que el pueblo de Israel pasara, Dios multiplicó unos pocos panes y varios peces de tal manera que fue posible alimentar a miles de personas, Dios levantó a Jesús de entre los muertos y lo elevó hasta el cielo sentándolo a Su diestra. ¡Ese es nuestro Dios! Él es Todopoderoso, el Gran Yo Soy, el Alfa y la Omega, sin principio ni final. Todo lo que Él nos pida que dejemos para seguirlo no es mayor que la recompensa que obtendremos por abandonar nuestras posesiones terrenales. Jesús dice que recibiremos mucho más en este tiempo y, después de dejar este mundo, recibiremos el mayor de todos los regalos: la vida eterna. Dios te bendiga.

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