Dios Bendice a Quien lo Busca

¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.

Salmos 24:3-6

La bendición que Dios otorga está reservada para los que buscan Su rostro, para los que anhelan Su presencia, no para los que van en Su búsqueda con las manos extendidas. Busquemos a Dios de todo corazón y tendremos la recompensa del dueño de todo lo creado. Debemos entender que Dios no va a entregar lo suyo a quienes tienen más interés en la posesión que en el dueño de las cosas.

La Biblia cuenta la historia de José, el hijo de Jacob a quien sus hermanos vendieron como esclavo. José estuvo incluso injustamente en la cárcel en Egipto. Cuando el faraón necesitó que alguien le interpretara dos sueños, José fue la única persona capaz de hacerlo. El rey de Egipto vio en José una persona íntegra y le confió la administración de su reino. Esto permitió que José se convirtiera en el segundo hombre más poderoso de Egipto, ya que solo el faraón estaba sobre él. Posteriormente, las bendiciones que José recibió fueron extensivas a toda su familia.

En mi caminar con Dios, muchas veces he percibido de parte de mi Padre celestial que me ha dicho “Ve a la montaña” o “Sube al monte”. Me costó mucho tiempo entender lo que el Señor quería decirme con ir al monte o la montaña. Es probable que si a ti te hubieran dicho lo mismo que a mí, te hubiera pasado lo mismo. Pero la propia Palabra de Dios te revela el misterio. Subir al monte significa buscar la presencia de Dios, entrar al lugar santo. Bajo el antiguo pacto, solo el sumo sacerdote tenía acceso a entrar una vez al año a presentar las ofrendas de expiación por los pecados. Sin embargo, cuando Jesús murió en la cruz. El velo del templo se rasgó por completo dejando al descubierto el lugar santísimo. Jesús es el camino de acceso al Padre, quien siempre nos espera para que disfrutemos de Su presencia.

¿Quién es el limpio de mano y puro de corazón? Si nos analizamos podemos ver que por cuenta propia nadie pasaría la prueba. La única persona que ha vivido en esta tierra con las manos limpias y el corazón puro ha sido Jesucristo. Por lo tanto, Dios solamente nos verá limpios y puros si ve a Su Hijo en lugar de vernos a nosotros. Para que lo vea a Él y no ha nosotros, debemos de ser lavados por la sangre del Cordero inmolado, debemos haber nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Solo así podremos ver al Dios de nuestra salvación.

No busquemos las manos de Dios, busquemos primero Su rostro, Su presencia. Lleguemos hasta Él revestidos de la Salvación que nos dio Jesucristo en la cruz y a la cual accedimos por arrepentirnos de nuestros pecados y convertirnos a Él. Solo así veremos las bendiciones de Dios en nuestras vidas, siendo la mayor de todas ellas la certeza de tener vida eterna y un lugar reservado con nuestro nombre en los cielos. Dios te bendiga.

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