La Comunión con Dios

La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.

Salmos 25:14

El Salmos 25:14 expresa muy claramente que la comunión íntima del Señor es con los que le temen, es decir, los que se someten a Él y le obedecen, para ellos no habrá secreto alguno porque Dios les dará a conocer Su pacto. Dios dará completa revelación de Sus planes, de Sus propósito y de Su perfecta voluntad a todos aquellos que les obedecen y lo busquen en la intimidad. El deseo del corazón de Dios es tener esa relación cercana y estrecha con nosotros.

Dice Amós 3:7: Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Ciertamente, el verdadero siervo de Dios practica de manera continua la comunión con Él. Por tal razón, lo que dice el profeta Amós es una confirmación práctica de lo que indica el Salmo 25:14.

Es un enorme privilegio tener intimidad con Dios y poder escuchar lo que Él tiene que decirnos. La intimidad y la comunión con Dios no se limitan a una simple oración en la cual hablamos de prisa por buen rato, terminamos con un amén y salimos corriendo para proseguir con nuestra rutina diaria. La comunión implica una conversación con nuestro Padre Celestial. Claro que hablaremos, pero también nos callaremos para escuchar Su respuesta.

Por algunos años, estuve practicando de manera constante la búsqueda de tener intimidad con Dios cada día. Cuando lo hacía, siempre tenía un cuaderno a la mano y una pluma para escribir lo que Dios me iba a revelar. La mayoría de las veces recibí una respuesta, aunque no siempre fue de la misma manera. Algunas veces tuve visiones, otras veces sentí una voz interior que aprendí a distinguir de muchas otras voces y en ocasiones me venían a la mente pasajes bíblicos. De todas esas experiencias he recopilado material suficiente para escribir varios libros. Pero más importante aún es haber recibido información muy valiosa para compartir a su debido tiempo con los creyentes o con los que necesitan escuchar la Palabra de Dios para arrepentirse.

Ahora te presento la otra cara de la misma moneda. Cuando me descuidé en mi búsqueda diaria de Dios, el resultado fue el silencio de parte de mi Padre Celestial. Como consecuencia, dejé de recibir esa valiosa información que antes me llegaba. Es algo parecido a lo que nos pasa cuando perdemos el contacto con un amigo íntimo, quien deja de confiarnos sus más hondos secretos porque ya no lo buscamos ni lo llamamos ni le hablamos. Haber descuidado esa parte de mi relación con Dios fue una de las cosas más perjudiciales que me haya ocurrido jamás.

Hoy que te cuento todo esto, si te ha tocado este mensaje, te digo que yo también me estoy ministrando a mí mismo con él. Si sientes que debes de establecer o retomar tu comunión con Dios, te confieso que yo mismo debo hacerlo también. No podemos darnos el lujo de perder el inmenso privilegio de compartir con quien nos ha amado con amor eterno y quien quiere darnos a conocer Sus secretos. Dios te bendiga.

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