Nuestra Luz y Salvación

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.

Salmos 27:1-2

Comprender que Dios es nuestra luz, nuestra salvación y la fortaleza de nuestra vida es motivo más que suficiente para no sentir temor alguno. En primer lugar, porque Dios es nuestra luz, siempre sabremos por donde andar. Dios como luz nos dará siempre la dirección correcta, por lo tanto, nunca estaremos desorientados ni tampoco andaremos a oscuras porque Su luz resplandeciente estará con nosotros. Porque Dios es nuestra salvación, jamás estaremos perdidos ni conoceremos la derrota.

Dios vendrá siempre en nuestro rescate y siempre nos dará la victoria y en Él seremos más que vencedores. Porque Dios es nuestra fortaleza, jamás estaremos débiles, Dios nos dará la fuerza que necesitamos para vivir, Dios nos sostiene con Su diestra de poder, Dios nos protege de todos nuestros enemigos. Cuando comprendemos perfectamente todo esto, jamás estaremos temerosos por lo que nos pueda pasar y nuestra vida se convertirá en una de alabanza al Rey de reyes y Señor de señores.

Lo más hermoso de la Palabra de Dios es ver cómo hay una correspondencia entre en Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Veamos a continuación la relación que existe entre nuestro Señor Jesucristo y lo que dice el Salmo 27:1-2.

Dice Juan 8:12: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Esta afirmación de Jesús concuerda plenamente con el Salmo 27 que dice Jehová es mi luz y salvación. Con respecto a la salvación el apóstol Pablo dice en 1 Tesalonicenses 5:9: Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Queda claro pues que Jesucristo es nuestra luz y nuestra salvación.

Conociendo que nuestro Señor es nuestra luz, nuestro guía y la fuente de nuestra salvación, el temor debe de permanecer ausente de nuestras vidas. No en vano el propio Jesús dice en Lucas 12:32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. El Señor nos está infundiendo aliento, nos insta a no temer porque Él está con nosotros siempre. No importa cuáles sean las aflicciones a las que el mundo nos someta, ya Jesucristo venció al mundo y en Él debemos confiar.

Finalmente, Jesucristo es también nuestra fortaleza, como nos dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Dejemos fuera el temor, dejemos fuera la duda. Tomemos de una vez por toda la decisión de creerle a Dios, afirmemos con nuestros labios que en Jesucristo tenemos nuestra luz, nuestra salvación y nuestra fortaleza. Echemos para siempre de nuestras vidas el temor y confiemos en el Dios Todopoderoso que nos hace justicia y nos libra de cada uno de nuestros enemigos dándonos la victoria. Dios te bendiga.

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