Orando para Evitar la Tentación

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Mateo 26:41

Jesús le dijo a Sus discípulos en Getsemaní: Orad para que no entréis en tentación. No era la primera vez que Jesús instruía a Sus discípulos a orar con el fin de evitar entrar en tentación. El modelo de oración que Jesús nos dejó, el Padrenuestro, incluye orar para no caer en tentación. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (Mateo 6:13)

¿Por qué el Señor insistía tanto en que Sus discípulos oraran para no entrar en tentación? Él les explicó muy claramente cuando dijo que el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. El ser humano es tripartito: cuerpo, alma y espíritu. Nuestro cuerpo es la carne, el organismo compuesto por múltiples órganos formados por células donde ocurren numerosas reacciones químicas. El alma es la parte de nuestro ser que guarda nuestros pensamientos, emociones, decisiones y la voluntad. El espíritu es la parte de nuestro ser que nos permite ponernos en contacto con Dios porque Dios mismo es Espíritu. Por lo tanto, cuando oramos, nuestro espíritu recibe la retroalimentación de parte de Dios y, si dejamos que nuestro espíritu opere sobre nuestra alma, nuestras decisiones estarán sujetas a la voluntad y la dirección de Dios.

Por otro lado, si nuestra carne, en su debilidad gobierna nuestras decisiones, estaremos sujetos a sucumbir ante cualquier tentación, ya que todo va a depender de hacia donde se incline el equilibrio hormonal de nuestro cuerpo. Orar a Dios para que nos permita no entrar en tentación nos conducirá a tomar decisiones en el espíritu no en la carne. La verdadera voluntad de Dios es que caminemos guiados por Su Santo Espíritu, por ello, orar para no entrar en tentación siempre será una oración respondida al ir de acuerdo a la voluntad y al propósito de Dios. Hagamos caso a lo que Jesús nos ordena.

De la misma manera que el ser humano es tripartito, también tenemos tres enemigos que obstaculizan nuestra relación con Dios: el diablo, el mundo y nuestra carne. Muchos podrían pensar que el peor de nuestros enemigos es el diablo; pero derrotarlo o ahuyentarlo de nosotros no es imposible, sobre todo si seguimos las instrucciones de la Biblia en Santiago 4:7: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Y en cuanto al mundo, el Señor nos dice en Juan 16:33 lo que debemos hacer: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Si nos sometemos a Dios y confiamos en Él, tanto el diablo como el mundo dejarían de ser enemigos peligrosos para nosotros.

Entonces, solo nos queda un enemigo por vencer: nuestra propia carne. Es como si estuviésemos peleando contra nosotros mismos, lo cual hace más difícil la lucha. Solo mantenernos enfocados en Dios, en comunicación constante con Él mediante la oración nos libra de la tentación que nos conduciría a pecar y ofender a nuestro Padre Celestial. Sometamos pues nuestra carne y oremos más para evitar la tentación. Dios te bendiga.

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