Confiar en Dios para Evitar Ser Confundido

En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia.

Salmos 31:1

David pidió en oración a Dios no ser confundido jamás y basó su petición en su confianza en el Altísimo. La fidelidad de Dios no tiene límite y Él jamás va a traicionar la confianza que depositemos en Él. Nunca seremos confundidos cuando confiamos en Dios porque Él nos conducirá por sendas de justicia, él será la luz que nos guiará por la ruta correcta todo el tiempo.

El capítulo 11 del libro de Génesis narra la historia de la torre de Babel. Según cuenta la Biblia, luego del diluvio, todos los humanos hablaban un idioma único. Sin embargo, Dios les confundió las lenguas cuando quisieron construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo. Esta historia nos muestra que los habitantes de la tierra no confiaron en Dios sino en sí mismos y, por lo tanto, fueron confundidos.

Muchas veces somos confundidos porque tenemos más fe en nuestras propias habilidades que en reconocer la dirección de Dios. En la actualidad, muchas veces preferimos confiar también en los adelantos modernos que depositar nuestra confianza en quien nos creó. No tomamos en cuenta que los instrumentos de navegación modernos pueden fallar, que las baterías de los teléfonos celulares se agotan o que la energía eléctrica puede ser interrumpida por una tormenta o un sabotaje.

Hace ya varios años, en la iglesia donde nos congregábamos nos preguntaron si podíamos prestar la piscina de nuestra casa para bautizar a varias personas. Obviamente aceptamos y salimos hacia la casa. Uno de los que se iba a bautizar, al cual llamaremos Juan, tuvo un inconveniente y se desvió del camino rumbo a su casa a resolver el asunto. Cuando llegamos a mi casa, todos preguntaban por él. Su esposa había llegado en otro automóvil trayendo los teléfonos celulares de ambos por lo que no había forma de ponerse en contacto con Juan. Para colmo, no habíamos dado nuestra dirección, ya que suponíamos que iríamos todos en caravana.

Estuvimos esperando una media hora, sin tener noticias sobre Juan. Pero tan pronto se dio inicio a la ceremonia de bautismo, tocaron la puerta de nuestra casa. Era Juan, quien llegó sin GPS, sin dirección, sin haber estado nunca en nuestra casa ni tener idea de dónde estaba localizada. Todos le preguntaron cómo había llegado y su respuesta fue que le pidió al Señor que lo guiara porque no quería perderse la bendición de ser bautizado.

La historia de Juan nos muestra cuán cierto es que confiar en Dios nos libra de ser confundidos. No importa si no conoces el camino que el Señor te ha trazado, sigue la ruta confiando que llegarás al destino sin equivocarte. No trates de confiar en tus habilidades ni en las cosas materiales que te dan seguridad. Por toda tu confianza en el Altísimo y verás que todo saldrá conforme al propósito divino. No importa si no entiendes las instrucciones de Dios, recuerda que Él jamás va a dirigirte hacia la destrucción o al fracaso, sino a la victoria. Dios te bendiga.

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