Dios Perdona Cuando Confesamos el Pecado

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado.

Salmos 32:5

Dios está a la espera de que le confesemos nuestros pecados a Él. Su respuesta siempre será el perdón. Solo aquel que guarda dentro de sí su pecado y lo encubre, se pierde el perdón. La Biblia presenta muchos casos de perdón de pecados y de no perdón. Del segundo tipo, tenemos el caso de Caín, quien, al matar a su hermano Abel y ser confrontado por Dios, encubrió su pecado en lugar de confesarlo. Por su parte, David cometió adulterio con Betsabé, la mujer de Urías. Luego, el rey envió a su siervo Urías a lo peor de la batalla para que fuese muerto. Cuando el profeta Natán llegó de parte de Dios ante David y lo confrontó, el rey reconoció su pecado y fue perdonado.

Por supuesto, cada pecado trae consecuencias que deben pagarse; pero de Dios siempre tendremos la seguridad del perdón cuando nos arrepentimos de corazón. En una ocasión fui a servir a un retiro de hombres. Uno de los participantes había cometido varios delitos bastante graves y andaba escondiéndose de la justicia. La mayoría de los que estábamos en el retiro ignorábamos la situación de aquel hombre. En medio de la ministración, el hombre se quebrantó y confesó delante de todo el grupo sus crímenes. Pero no se quedó solo en eso, sino que dijo que tan pronto regresáramos del retiro se iba a entregar a la justicia.

Este hombre cumplió su palabra y se entregó, consciente de que podría pasar muchos años en la cárcel. Sin embargo, la grandeza de Dios es extraordinaria. Milagrosamente, el hombre solo pasó unos meses prisionero por sus delitos y salió libre. Fue algo hermoso ver a ese hombre unos meses después, cuando recuperó su libertad, contando su testimonio ante toda la congregación y diciendo cómo Dios lo utilizó en la cárcel para ministrar a otros presos y sembrar en ellos la semilla de la Palabra de Dios.

Dice el apóstol Pablo en Romanos 3:23: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Por lo tanto, no existe persona alguna sobre la tierra que pueda sentirse exonerado de culpa. Nos toca abrir nuestra boca y confesar todas y cada una de nuestras iniquidades a fin de alcanzar perdón, como nos dice 1 Juan 1:9: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,  y limpiarnos de toda maldad.

Hoy que estás escuchando o leyendo este mensaje, podrías estar quizás recordando lo mucho que has pecado contra Dios. Es probable que en este momento te sientas como el hijo pródigo, intentando decirle a Dios: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti y no merezco que me cuentes entre tus hijos”. Si te sientes indigno o indigna de estar delante de Dios por tu pecado, te comprendo, así me sentí yo cuando me di cuenta de toda mi maldad. Pero la buena noticia es que Dios está hoy dispuesto a perdonar la totalidad de tus pecados. Lo único que Él está esperando de ti es que en este instante le confieses tus faltas y te arrepientas. Hazlo ya y recibe el regalo de la vida eterna. Dios te bendiga.

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