Dios Siempre Escucha

Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.

Salmos 34:4-5

Cuando buscamos a Dios, siempre podemos estar seguros de que Sus oídos estarán dispuestos a escuchar nuestras peticiones. Dios siempre oirá nuestra voz cuando nos acercamos a Él buscando Su presencia. Hay que entender bien claro lo que dice Jesús en Mateo 6:33 y Lucas 12:31 que busquemos primero el Reino de Dios y Su justicia y que, entonces tendremos todo lo demás por añadidura. Las bendiciones de Dios son la consecuencia lógica de buscar siempre Su presencia. Cuando lo buscamos, cuando nuestros ojos se dirigen hacia Él, seremos dirigidos por Su Espíritu Santo, quien nos dirá el camino correcto en cada decisión que debamos tomar. Él nunca nos dejará en vergüenza.

Luego que le entregué mi vida al Señor Jesucristo, por un par de meses estuve pasando por pruebas muy duras. La mayoría de la gente que yo amaba y estimaba me dio la espalda y me tildaba de fanático. Por otro lado, mucha de la nueva gente que me rodeaba en esos tiempos me trataba con mucha hostilidad. Para colmo de males, pasé todo ese tiempo desempleado y mis reservas económicas se estaban agotando. Fueron tiempos muy difíciles para mí.

Como todos mis esfuerzos por cambiar mi situación parecían inútiles, una tarde me encerré en mi habitación y me eché de rodillas a orar, clamar, llorar y presentarle mi situación a Dios. No recuerdo todo el tiempo que pasé de rodillas frente a mi cama, pero pudo haber sido más de una hora. Lo cierto es que perdí la noción del tiempo. Yo le presenté al Señor toda mi situación: mi falta de empleo, el rechazo de mis amigos y familiares, la hostilidad que enfrentaba, entre otras cosas. También puse todas mis situaciones en sus manos y le dije que mi única esperanza era Él y que mi fe estaba puesta solamente en Él.

La fidelidad de Dios pasó la prueba al 100%. Cuando terminé de orar, desaparecieron primero todos mis temores. Sentí el consuelo y el soporte que Dios me estaba dando. Mi espíritu salió reconfortado y seguro que todo lo demás que le había pedido a mi Padre Celestial lo iba obtener. Y así fue, la siguiente semana obtuve un buen empleo en mi carrera. Paulatinamente el rechazo de mis amigos y parientes fue desapareciendo y toda la hostilidad a mi alrededor disminuyó. No cabe duda que Dios me escuchó.

No es una casualidad que estés escuchando o leyendo este mensaje en este momento. Si estás pasando por momentos de dolor o por una situación que se escapa de tu control, busca a tu Padre en la intimidad y confíale tus temores y tus preocupaciones. Sin duda que Dios no se hará el sordo ante tu situación sino que sus oídos estarán muy atentos a tus súplicas. Ten la fe para creer que Él alumbrará tu camino para que puedas caminar sin tropiezos. Y pronto verás que tu rostro estará resplandeciente y podrás mirar sin avergonzarte hacia el futuro. Dios te bendiga.

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