Jesús, el Gran Sumo Sacerdote

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Hebreos 4:14-16

Hay que entender quien es Jesús para darnos cuenta lo que es capaz de hacer por quienes en Él confían. Jesús es el Hijo de Dios, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de Su sustancia. Jesús ha existido siempre formando parte de la deidad y de eso hay demasiada evidencia bíblica tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. Si aceptamos y creemos en la divinidad de Jesús, sabemos pues que Él, como Dios es capaz de todo.

Juan nos dice en el capítulo 1, versículo 3 de su evangelio: Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Los 4 evangelios reseñan todo el poder y la autoridad de Jesús y, por ellos, conocemos que para Él no hay imposibles. Ahora bien, la divinidad de Jesús reconocida por Tomás (Juan 20:28) nos hace ver que hay una enorme distancia y diferencia entre Él y nosotros. Eso podría hacernos creer que Jesús no está interesado en ayudarnos a resolver nuestros problemas cotidianos. Sin embargo, a pesar de Su divinidad, Jesús compartió nuestra humanidad padeciendo cada una de las situaciones que podemos enfrentar los humanos, incluso la muerte y la tentación del pecado.

De esta manera, Jesús vivió por Sí mismo cada detalle de la vida humana con la gran diferencia de que superó todas las pruebas y las venció todas, incluyendo la muerte y el pecado. Por lo tanto, Jesús está en la condición de entender claramente todas nuestras situaciones porque Él tuvo la experiencia como hombre y tiene la capacidad de ayudarnos a superarlas todas porque Él lo hizo como hombre y también porque tiene todo el poder como Dios. Pero más importante que eso es saber que el anhelo de Jesús, su mayor deseo es interceder por nosotros ante el Padre, como nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Acerquémonos pues a Jesús, confiemos plenamente en Él para que la gracia, la misericordia, el amor y el perdón de Dios nos sean dados. No importa cuan desesperada sea tu situación actual, no importa si te sientes entre la espada y la pared, en un callejón sin salida, Jesús siempre llegará a tiempo en tu ayuda, su auxilio siempre será oportuno.

Hoy es un buen día para que te acerques a Jesús y le entregues tu vida a Él. El Señor está esperando por ti. No pienses que Él te está pidiendo demasiado. Recuerda que ya Él ofreció tu vida por ti en la cruz. Así que Jesucristo no te pide más de lo que Él ya hizo por ti. Entrégale tus cargas, tus temores, tus angustias a Él. Descansa en Sus brazos de amor y declárale Señor de tu vida. Deja que sea Él quien guíe tus pasos y confía plenamente en quien te ha amado con amor eterno. Dios te bendiga.

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