¿Dónde Está tu Tesoro?

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mateo 6:19-21

El corazón de cada persona está en el mismo lugar donde está su tesoro. ¡Cuánta gente hay con el corazón en el lugar equivocado! Para una gran mayoría de la gente, su tesoro son sus posesiones o bienes materiales: dinero, casas, joyas, propiedades, yates, aviones, empresas, etc. Para otras, su tesoro es la fama, el reconocimiento, el prestigio, un título profesional, etc. Otras personas atesoran a su pareja y otras más atesoran a sus hijos.

Ciertamente todos estos tesoros son terrenales y aquí quedarán cuando abandonemos este mundo y si, cuando esto ocurra, toda nuestra fortuna está aquí y, conociendo de antemano que nos iremos con las manos vacías, ¡qué triste será nuestra eternidad! Seríamos pobres la mayor parte del tiempo porque indiscutiblemente que el tiempo que pasaremos fuera del mundo de los vivos será infinitamente mayor que nuestra vida terrenal.

La inmensa sabiduría de Jesús lo guió a decir claramente que no hagamos tesoros en la tierra porque además de efímeros, podrían también escaparse de nuestras manos por robo o simplemente como consecuencia del deterioro natural. Los tesoros que acumulemos en el cielo serán permanentes y seguros.

Durante varios años trabajé como científico en el Departamento de Investigación y Desarrollo de una de las empresas farmacéuticas más grandes del mundo. Una tarde, cuando ya terminaba mi labor, me llamó mi gerente a su oficina y me informó que ese era mi último día en la empresa. Obviamente que la noticia no fue nada agradable para mí pues iba a dejar de percibir un salario bastante bueno, además de otros beneficios marginales.

No voy a comentar todas las pruebas por las cuales he pasado desde entonces; pero hay un detalle que me impactó poco tiempo después de haber perdido mi empleo. Una tarde iba manejando por una de las autopistas del estado de Florida. Mientras conducía mi automóvil, iba conversando con Dios con respecto a mi situación laboral, o mejor dicho, le hablaba sobre mi desempleo.

La respuesta de Dios fue realmente genial. Me hizo una comparación con lo que yo conocía, con mi carrera, comparando los productos obtenidos por trabajar con Él versus aquellos provenientes de cualquier trabajo humano. Dios me dejó bien claro que todos los productos de cualquier actividad humana son perecederos; pero que el producto final de trabajar para Él es un producto eterno que permanece para siempre.

No sé si en algún momento de lo que me queda de vida llegaré a poseer riquezas. Y en cierto modo, no me preocupa para nada si llegara a pasar o no. Lo que si me interesa y es donde pongo mi mayor empeño, es en acumular tesoros en los cielos ganando almas para el Señor.  Te pregunto, ¿dónde está tu tesoro, en los cielos o en la tierra? Bendiciones.

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