Amistad con Dios

Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

Santiago 2:23

Abraham fue amigo de Dios; pero sus descendientes heredaron las bendiciones de esta amistad: Dios prometió estar con ellos, infundirles aliento, darles ayuda siempre, sustentarlos con la diestra de Su justicia, avergonzar y confundir a los enemigos del pueblo de Israel. Y nos preguntamos, ¿de qué manera Abraham se convirtió en amigo de Dios?

Abraham fue llamado amigo de Dios porque le creyó a Dios. Hemos escuchado muchas veces que lo importante no es creer en Dios sino creerle a Dios. Y esa es una gran verdad porque cuando le creemos a Dios nos convertimos en sus amigos; porque cuando le creemos a Dios confiamos en Él y cuando confiamos en Él, le obedecemos y la obediencia es otra faceta de la amistad con Dios.

Buscando la presencia de Dios para traer un mensaje fresco salido del trono de Su gracia, mis oídos espirituales escucharon Su voz decirme: “Yo nunca te he retirado Mi amistad. En tus momentos más amargos, Yo he estado contigo. No importa si tus sentidos son incapaces de percibirme, Mi presencia nunca se ha ido.” ¿Qué significa realmente tener amistad con Dios? ¿Qué ha hecho Dios por Sus amigos?

Jesús le dijo a Sus discípulos en Juan 15:14-15: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Es importante reconocer que la amistad con Dios requiere compromisos de nuestra parte. Jesús dejó bien claro que no se puede servir a dos señores, de igual manera, no podemos ser amigo de Dios mientras permanezcamos amando las cosas que Dios rechaza o cuando conservamos la amistad con los enemigos de Dios.

En muchas ocasiones le fallamos a Dios, nos alejamos de Él y rechazamos Su amistad incondicional. Muchos de nosotros, cuando hacemos eso y nos damos cuenta de ello, nos sentimos avergonzados y nos alejamos más de Dios. Las consecuencias de ese alejamiento siempre son funestas para nosotros. Al apartarnos de Su cobertura, somos vulnerables a los ataques de nuestros enemigos. Pero Dios siempre espera pacientemente que regresemos a Su regazo.

Dios nos está diciendo: “Toma mi mano y camina conmigo. Yo te mostraré el camino a seguir. No te he dejado ni te dejaré solo. Yo te prometí que estaría contigo hasta el final del mundo.” En este día el Señor nos dice a cada uno de nosotros: “Yo soy tu mejor amigo. Yo soy quien ha estado, está y estará siempre contigo, no solo mientras vivas en este mundo, sino que he preparado morada eterna para ti en la casa de Mi Padre. No quiero que te pierdas de Mi amistad, sino que tengas siempre presente que aquí estoy 24/7 para ti. Te amo de tal manera que di Mi vida por ti y la volvería a dar si fuera necesario con tal de pagar el precio por salvarte.” Dios te bendiga.

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