Paciencia y Obediencia para Recibir las Promesas de Dios

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:35-36

El mundo moderno nos enseña a pretender alcanzar resultados instantáneos. El ejemplo más claro es el horno de microondas por el cual obtenemos alimentos calientes en pocos minutos. De la misma manera, pretendemos que Dios actúe en nuestras vidas, es decir, pensamos que Dios va a responder a nuestras peticiones de manera automática y lo único que nosotros debemos de hacer es apretar los botones espirituales de una oración apresurada e inmediatamente, en los cielos, nuestro Padre Celestial responderá nuestras peticiones.

El libro de Hebreos nos dice que hay dos prerrequisitos para poder obtener la promesa: tener paciencia y hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecerle. También nos dice que nuestro galardón lo obtendremos si no perdemos la confianza, es decir, si nuestra fe en Dios permanece en nosotros. La Biblia nos define claramente los significados de paciencia, obediencia y promesa.

Paciencia es esperar, como dice Romanos 8:25: Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Paciencia es resistir: Bienaventurado el varón que padece con paciencia la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman (Santiago 1:12). Paciencia es obedecer: Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12). Paciencia es perseverar y dar frutos: Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia (Lucas 8:15). La paciencia perfecciona el carácter cristiano: Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:4). La paciencia nos fortalece a través de Cristo: fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad (Colosenses 1:11).

La obediencia implica cumplir las órdenes y mandamientos de Dios, como nos dice Romanos 16:26: pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe. Seguir las instrucciones que nos dan las personas que están a cargo de nuestro crecimiento espiritual también es parte de la obediencia.

Nuestro ejemplo siempre debe ser Jesucristo, quien fue paciente: Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5). Nuestro Señor también fue obediente: y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8).

Dios nos promete muchas cosas en este mundo y en la eternidad. Como nuestro pastor ha prometido que nada nos faltará. Él ha prometido darnos Su Espíritu Santo, sellarnos con Él y estar con nosotros hasta el fin. Obedezcamos a Dios en todo momento y guardemos con paciencia mientras esperamos las promesas presentes y la herencia eterna.

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