Respuesta de Dios para un Mundo en Crisis

Porque así dijo el Alto y Sublime,  el que habita la eternidad,  y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad,  y con el quebrantado y humilde de espíritu,  para hacer vivir el espíritu de los humildes,  y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre,  ni para siempre me enojaré;  pues decaería ante mí el espíritu,  y las almas que yo he creado. Por la iniquidad de su codicia me enojé,  y le herí,  escondí mi rostro y me indigné;  y él siguió rebelde por el camino de su corazón. He visto sus caminos;  pero le sanaré,  y le pastorearé,  y le daré consuelo a él y a sus enlutados; produciré fruto de labios: Paz,  paz al que está lejos y al cercano,  dijo Jehová;  y lo sanaré.

Isaías 57:15-19

Si nos ponemos a escuchar las noticias de cada día, veremos que ocurren desastres naturales, como terremotos, tsunamis, inundaciones, sequías, nevadas, temperaturas extremas, calentamiento global, ciclones catastróficos, tornados, incendios forestales, volcanes, etc. Si a todo estos desastres naturales, agregamos otras calamidades sociales o personales: guerras, conflictos internacionales, pobreza, narcotráfico, inflación, desempleo, crisis económicas, bancarrota, divorcio, drogadicción, maltrato, desunión familiar, migraciones forzadas, criminalidad, secuestros, etc., nuestros sentidos nos podrían decir que todo anda mal y no hay nada bueno bajo el sol, ya que el mundo entero está en crisis.

Yo me hago varias preguntas. La primera de ellas es ¿estará también la iglesia en crisis? ¿Estará el cuerpo de Cristo siendo arrastrado por la corriente del mundo? En la Biblia conocemos historias de hombres y mujeres de Dios quienes pasaron por situaciones de crisis. Un ejemplo de ellos fue Job. David, Abraham, José, Moisés y Daniel  pasaron también por muchos momentos de crisis.

De todas las calamidades que sufre el mundo, todos lo que habitamos este planeta tenemos nuestra propia cuota de responsabilidad, aunque la mayoría de las veces nos sentimos más cómodos echándoles la culpa a otros (padres, hijos, cónyuges, políticos, suegros, yernos, extranjeros, gente de otras razas, etc.). Pero cuando señalamos con un dedo a alguien más, hay otros cuatro dedos que nos señalan a nosotros. Dice la Santa Palabra de Dios: Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua (Jeremías 2:13).

Como cristianos viviendo en este mundo, no vamos a ser inmunes a su crisis. Nuestro Señor nos había advertido al respecto: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad,  yo he vencido al mundo (Juan 16:33). Aunque hayamos abandonado la fuente de agua viva y cavado cisternas rotas, nuestro arrepentimiento y acercarnos de nuevo a Dios nos permiten volver a beber del agua fresca del Espíritu.

Ciertamente existe una gran crisis en la actualidad, la cual nos impacta a todos; pero Dios no nos ha abandonado. Reconociendo Su gran amor y Su cuidado para con cada uno de nosotros, dejemos de quejarnos y celebremos la victoria que nos da. Dios te bendiga.

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