El Autoanálisis Antes del Análisis

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Mateo 7:1-5

La tendencia natural del ser humano es observar y criticar los errores y defectos ajenos. La mayoría de las personas están tratando de encontrar culpables en la acera del enfrente. ¡Qué cómodo resulta culpar a los demás! Sin embargo, hay que ser muy valiente o estar tocado por el Espíritu de Dios para reconocer los errores y defectos propios. ¡Qué difícil de pronunciar son las palabras “me equivoqué”!

Jesús nos enseña que nos fijemos primero en nuestras faltas antes de tomar en cuenta las de nuestro prójimo. Muchos problemas se evitarían si antes de levantar nuestro dedo acusador contra los demás, reconocemos nuestra propia cuota de la culpa. De esta manera, sería más fácil para el otro reconocer por sí mismo en lo que ha fallado pues estaríamos predicando con el ejemplo.

Cada ser humano es imperfecto. En cierto modo, todos tenemos nuestros propios defectos de fábrica. Y no solo me refiero a los defectos físicos, los cuales son algunas veces notorios, sino a aquellas cosas ocultas que nadie puede ver. Si yo estoy tratando de llevar a otros al conocimiento de la verdad de la Biblia, debo de ser el primero en ministrarme a mí mismo con este mensaje y realizarme un autoanálisis.

Debo de reconocer que, aunque muchas veces me esfuerzo por superar mis debilidades, tengo muy marcadas las características buenas y malas de mi temperamento melancólico. En tal sentido, lucho constantemente contra mi espíritu de critica que proyecto tanto hacía los que me rodean como hacía mí mismo, razón por la cual suelo sentirse sumamente disconforme conmigo mismo. Además de eso, soy muy susceptible y quisquilloso, algunas veces también soy temperamental, depresivo y antisocial.

Continuando con mi autoanálisis, soy intolerante e impaciente con los que no ven las cosas igual que yo. Por ser un idealista, a veces tiendo a ser impráctico y muy teórico. Me enojo con facilidad y tengo cambios emocionales muy bruscos. No me gusta que me interrumpan cuando me concentro en algo que considero importante. Otros de mis defectos incluyen el ser pesimista, hipocondriaco, introspectivo, orgulloso y egocéntrico. Y el peor de todos es mi gusto por dar una imagen de sufrido.

Como puedes ver, yo, Tony Tejada, quien cada día te traigo estos mensajes, soy un ser imperfecto y he encontrado no una, sino muchas vigas en mi ojo. Con toda humildad, te invito ahora a ti que lees o escuchas este mensaje a que, te apliques a ti mismo, lo que nuestro Señor ha dicho en Mateo 7:1-5. Sé que podría resultarte un poco difícil, porque la tendencia del ser humano es tratar de guardar su imagen propia ante los demás. Pero te digo que, si lo haces, tu imagen saldrá fortalecida ante Dios. Bendiciones.

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