El Pez Muere por Abrir la Boca

Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

Mateo 12:37

Jesús nos dice que seremos justificados o condenados por nuestras palabras. Él no dice que nos salvaremos o nos condenaremos por lo que hacemos, o por nuestras obras, sino por lo que sale de nuestra boca. Es muy común en los humanos el hablar sin pensar y, en tales casos, olvidamos que las palabras son como el agua derramada, la cual es muy difícil de recoger y colocar de nuevo totalmente en su recipiente original.

¿De qué manera somos justificados por nuestras palabras? Cuando confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y lo reconocemos como nuestro único y suficiente Salvador. Aquel ladrón que fue crucificado junto a Jesús fue delincuente toda su vida; pero, en su último momento de vida, abrió su boca para reconocer el señorío de Jesús y la Palabra de Dios da testimonio de su salvación. En cambio, el otro ladrón fue condenado por sus propias palabras, no por su condición de ladrón, ya que en eso, ambos tenían el mismo historial.

Usemos nuestras bocas para bendecir a otros, en lugar de maldecirlos; pero más que eso, usémosla para obtener la salvación, reconociendo a Jesús como nuestro Señor y Salvador. Porque Pablo nos dice en Romanos 10:9-10: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

En el mundo natural sabemos que cuando la policía arresta a un sospechoso de un crimen tiene un protocolo en el cual le dice sus derechos. El policía le dice al arrestado: “Tiene derecho a guardar silencio, tiene derecho a contratar un abogado y todo lo que diga puede ser usado en su contra.” En otras palabras, el sospechoso arrestado podría ser juzgado en base a sus propias palabras ya que éstas podrían incriminarlo del crimen que se le imputa.

No existe un solo ser humano que pueda decir que es inocente delante de Dios. ¡Todos hemos pecado! Si Dios tuviera una policía celestial y enviara a Sus ángeles para arrestarnos por nuestros delitos y pecados, el protocolo del arresto bien podría ser lo que dice Mateo 12:37: Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. Ante es un potencial “arresto divino” no guardemos silencio sino digamos las palabras correctas.

En cuanto a contratar a un abogado, nuestro problema ya está resuelto, como nos dice 1 Juan 2:1: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. No necesitamos a alguien más para que interceda por nosotros. Jesucristo está ahora sentado a la diestra de Dios Padre como nuestro abogado defensor cuando hemos confiado plenamente en Él.

Y para que nuestras palabras no sean usadas en contra nuestra, al ser confrontados por Dios, no justifiquemos nuestras faltas. Más bien, confesemos nuestros pecados, proclamemos de Jesús como Señor de nuestras vidas y recibamos a través de Él salvación y vida eterna. Dios te bendiga.

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