Nuestra Reacción al Ser Salvados

A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro.

1 Corintios 1:2

Cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón, ocurren muchas cosas: somos perdonados de todos nuestros pecados, somos redimidos por Su sangre preciosa, somos justificados por Su gracia y somos santificados en Él. Como nos dice el apóstol Pablo, al ser santificados en Cristo, somos llamados a ser santos y esto es para todo cristiano, no solamente para los pastores o ciertos ungidos, sino para cualquiera que invoque el nombre de nuestro Señor.

Muchas veces, caemos en tentaciones y dejamos de lado la santidad, la cual es una cualidad necesaria para poder ver el rostro de Dios y deleitarnos en la hermosura de Su presencia. Es lamentable que en la actualidad se predique muy poco acerca de la santidad en las iglesias, y cuando se hace, el tema no resulta agradable para la mayoría de quienes lo escuchan. Los oídos de los feligreses prefieren escuchar temas que le satisfagan y les den soporte emocional, en lugar de aquellos que los confronten.

¿Qué significa ser santo? ¿Es posible ser santo en esta época tan contaminada con las cosas mundanas? En primer lugar, si medimos nuestra santidad con la santidad de Dios, es obvio que ningún ser humano será capaz de alcanzar este estándar. Y no solamente en esta época en la cual a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le llama bueno, sino en cualquier era de la historia humana sobre la Tierra. Ser santo significa estar separado para Dios, es decir, dejar de participar de las cosas que el mundo ama y que Dios aborrece.

Ahora nos hacemos otra pregunta, ¿cumplimos siempre con ese concepto de santidad? No sé cómo tú, que me escuchas o lees este mensaje respondes a esta pregunta; pero en lo que a mí me toca, te puedo decir que yo no lo cumplo al ciento por ciento, sino que muchas veces hago todo lo contrario. Por eso te puedo decir que no vengo a darte una lección porque yo estoy haciendo las cosas correctamente. Lo que te vengo a decir es que, porque le he fallado a Dios en eso muchas veces, reconozco mi error y procuro buscar la manera de enmendarlo. No te puedo decir que lo voy a lograr por mí mismo; pero le pido a mi Padre Celestial que me ayude en cada día de mi vida a alcanzar la meta de la santidad.

Cuando oramos por algo que va conforme a la voluntad de Dios, la oración será contestada. De acuerdo a lo que nos dice el apóstol Pablo en su primera carta a los corintios, Dios nos llama a ser santos. Por lo tanto, orar para que alcancemos santidad es una oración que va conforme a los planes y propósitos de Dios. Entonces, ¿por qué no somos santos? Creo que Santiago 4:3 nos da la respuesta: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Es probable que aquí esté también la respuesta a nuestras otras oraciones no contestadas. Procuremos pues, orar al Padre pidiendo que nos ayude a superarnos cada día para alcanzar la meta de la santidad y que se cumplan los propósitos divinos en nuestras vidas. Dios te bendiga.

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