Nuestro Mayor Tesoro

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

Mateo 13:44-46

Jesús compara en sus parábolas al Reino de los cielos con un tesoro escondido en un campo y con una perla de gran precio. En ambas parábolas, tanto el hombre que halló el tesoro escondido en el campo, como el mercader que halló la perla preciosa, vendieron todo lo que poseían con el fin de adquirir cada uno su correspondiente tesoro. Lo que Jesús nos quiere decir en estas dos parábolas es que quien encuentra el Reino de Dios debe dejar todo atrás con tal de adquirir el gran tesoro de la vida eterna.

Las historias de estas dos parábolas del Señor no son cuentos inverosímiles que no tienen la más remota posibilidad de ocurrir, sino que, analizando la historia, podemos darnos cuenta de que han ocurrido muchas historias similares. Cuando los europeos se enteraron de la existencia del continente americano, muchos hombres abandonaron todo lo que tenían para venir al Nuevo Mundo porque tenían plena convicción de que de este lado del Océano Atlántico encontrarían grandes tesoros.

Hoy día, millones de personas son capaces de arriesgar su salario para jugar en alguna de las grandes loterías como Poweball, Mega Millions o EuroMillion, porque ven grandes posibilidades de llevarse el gran premio de cientos de millones de dólares o euros. Otros muchos arriesgan mucho más que sus salarios jugando en los casinos de Las Vegas, Mónaco o Atlantic City. La motivación es la misma, todos quieren poseer el gran tesoro. También hay otros quienes arriesgan fortunas gigantescas en la Bolsa de Valores de New York para adquirir las acciones de compañías cuyo valor podría dispararse pronto.

Unos años atrás surgió un negocio en Internet que cautivó a millones de personas alrededor del mundo. Se prometían ganancias cercanas a un 3% diario de interés compuesto. A ese ritmo, el capital invertido se duplicaba en cuestión de semanas. Como mucha gente era capaz de venderlo todo con tal de invertirlo en este negocio, sus promotores pusieron como tope de inversión diez mil dólares. Conocí algunos que se las ingeniaron para invertir mucho más que el tope permitido usando familiares o amigos, con tal de ganar el máximo. Y aunque hubo quien llegó a ganar una fortuna, al final el gobierno de los Estados Unidos intervino el negocio por fraude y quienes ganaron hoy están siendo emplazados a devolver el dinero para distribuirlo entre los perdedores de este esquema fraudulento.

Si tanta gente en el mundo es capaz de invertir todo lo que tiene para perseguir tesoros terrenales que, en ocasiones resultan en un gran fiasco, ¿por qué no abandonarlo todo para alcanzar el Reino de los cielos? Escrito está que los tesoros celestiales son eternos y no perecederos como los terrenales, por lo tanto, el Reino de Dios siempre será nuestro mayor tesoro. Dios te bendiga.

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