Las Promesas de Jesús para Quien lo Deja Todo por Él

Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

Marcos 10:29-30

Esta es la promesa de Jesús al que se niega a sí mismo, toma su cruz y le sigue. Si dejamos casa, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierra por causa de Cristo y del evangelio, Él nos promete: para este tiempo cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras; pero además tendremos persecuciones; la otra gran promesa es la vida eterna.

Mucha gente, cuando se convierte en cristiano, escucha estos dos versículos de Marcos a medias. A ese tipo de personas les suena bien que van a recibir ahora en este tiempo cien veces más que lo dejado atrás. Les gusta esa promesa porque lo ven como una buena inversión. Para ellos resulta provechoso dejar una casa y obtener cien. Sin embargo, cuando viene la segunda parte de la promesa en este tiempo, es decir, las persecuciones, muchos de los que se han acercado a Jesucristo con la intención equivocada salen corriendo y vuelven a su antiguo camino.

Voy a dar un breve testimonio de cómo se ha aplicado Marcos 10:29-30 a mi propia vida. En mayo del año 2002 tuve un encuentro personal con Jesucristo. Hasta esa etapa de mi vida yo vivía en una ceguera espiritual creyendo que era buena gente. Sin embargo, el Espíritu Santo me dio convicción de todos mis pecados y pude darme cuenta que sin Jesús estaba perdido. Mi primera reacción al conocer que absolutamente nadie puede salvarse por sus propios méritos fue compartir las buenas nuevas del evangelio con mi familia; pero todos mis parientes me rechazaron tajantemente instándome a volver al camino tradicional.

Ante esa encrucijada yo tenía que elegir entre seguir a Cristo y al evangelio o hacerle caso a mi familia. Yo decidí lo primero y tocó dejar a mi madre, mis hijos, mi casa, la tierra donde me sentía a gusto, mujer, hermano y amigos. Desde el punto de vista humano, lo peor de todo eso no fue haberlo dejado todo, sino que todos se pusieron en mi contra por causa de Jesús y el evangelio. Como consecuencia, yo padecí en carne propia la persecución por parte de mi propia familia y mis amigos más cercanos.

Sin embargo, las promesas que Dios nos da en la Biblia siempre se cumplirán. Hoy te puedo decir que he recibido muchas veces más lo que dejé atrás. De una casa que dejé atrás, he sido recibido en muchas casas en varios países, he encontrado muchas madres, hermanas, hermanos, hijos e hijas en muchas tierras. Pero lo mejor de todo eso, no es lo que he alcanzado en este tiempo, sino la certeza de tener vida eterna.

Tú que estás escuchando o leyendo este mensaje, no te sientas apenado o apenada por dejarlo todo por Cristo y el evangelio. Tu recompensa en esta vida y en la venidera están garantizadas porque tu Padre Celestial no miente. Dios te bendiga.

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