Dios Nos Consuela en Nuestras Tribulaciones

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

2 Corintios 1:3-4

La palabra tribulación puede causar pánico a la mayoría de la gente. Ciertamente, a todos nos gustaría vivir tranquilos, sin sobresaltos ni preocupaciones. Sin embargo, sabemos que esto no es posible. Mientras vivamos en este mundo estaremos continuamente expuestos a eventos que no siempre serán agradables. El apóstol Pablo nos dice en su segunda carta a los corintios que Dios nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que nosotros podamos consolar también a quienes están tribulación.

¿A qué llamamos tribulación? De acuerdo al diccionario, tribulación significa pena, disgusto o preocupación muy grande que tiene una persona; situación adversa o desfavorable que padece una persona; congoja, aflicción, tormento o adversidad. Algunos sinónimos de tribulación incluyen: adversidad, desgracia, infortunio, pena, tormento, aflicción, dolor, turbación, congoja, ansia y ansiedad. Por lo tanto, queda claro que cada ser humano habrá de pasar por tribulación a lo largo de su vida.

Si yo me detengo a meditar sobre los sucesos de mi propia vida, encontraré muchos ejemplos de tribulación. Mi último empleo lo perdí a principios de abril de 2010, justo cuando iba a cumplirse un año de haber perdido a mi madre. Como muchas otras personas, llegué a territorio de los Estados Unidos con una visa que luego dejé vencer y me tomó un par de años regularizar mi estatus migratorio. Me he involucrado en negocios en los cuales he fracasado. Pasé por la experiencia de perder un hijo al nacer. Una de mis hijas y mi nieta nacieron prematuramente, necesitando permanecer varias semanas en una incubadora. Mi otra hija ha tenido que soportar numerosos achaques serios en su salud. La lista es tan larga que me tomaría varias horas contarlo todo.

Ahora bien, cuando leo lo que Pablo escribe a los corintios, comprendo que todas mis tribulaciones han tenido su propósito. Además de servir para fortalecer mi carácter y cimentar mi fe y mi confianza en Dios, cada una de mis adversidades me sirven para poder dar consuelo a quienes está padeciendo los mismos males que yo he pasado. En tal sentido, puedo consolar a quienes están desempleados, a quienes tienen problemas migratorios, a quienes hayan perdido a un hijo o a sus padres, a quienes padecen enfermedades o tienen hijos o padres enfermos, a quienes pasan por dificultades económicas, entre otras cosas.

Si en este día estás leyendo o escuchando este mensaje y estás pasando por momentos difíciles, piensa que nuestro Señor es el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. Toma en cuenta que no estás solo o sola en tu problema, recibe el consuelo que te da tu Padre Celestial a través de alguien que ya pasó por las mismas pruebas. Luego, utiliza tu experiencia en la adversidad para dar consuelo a quienes lo necesiten haciendo uso de la misma consolación que recibiste. Dios te bendiga.

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