Dejando la Ansiedad y la Preocupación

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:6-7

Los problemas y tropiezos de la vida son inevitables. Es imposible que todos los días solo nos sucedan cosas buenas. Tendremos momentos difíciles y situaciones que se escapan de nuestras manos. Para mucha gente, los problemas se convierten en fuente de ansiedad y preocupación. Pero para los que confiamos en Dios, estos momentos amargos deben de servirnos para comprobar la fidelidad de nuestro Padre Celestial.

Las Sagradas Escrituras nos dan ejemplos de cómo los hombres y mujeres de Dios enfrentaron la adversidad. En el Antiguo Testamento vemos como David pasó por duras pruebas y, en medio de todas ellas, escribió los más hermosos salmos de alabanza al Supremo Creador. Por el Nuevo Testamento conocemos los numerosos tormentos que sufrió Pablo y de la manera que se mantuvo firme en la fe, creyendo en el Dios que lo llamó y comisionó para predicar el evangelio a los gentiles.

Cuando se señalan ejemplos edificantes de la Biblia, hay quienes podrían decir que los titanes bíblicos eran seres especiales. También podrían decir que en estos tiempos no es posible encontrar ese tipo de experiencia. Como Dios es el mismo hoy como ayer, siempre habrá buenos ejemplos que se apliquen a cada lección de nuestro caminar con Dios.

Una noche en el año 2014, me desperté de madrugada. Cuando me sucede eso, he aprendido que Dios quiere decirme algo o me hace levantar para interceder en oración por alguien. Esa vez, el motivo no fue para orar sino para advertirme que el enemigo urdía un plan demoledor contra mí. Al principio no entendía qué más podría hacer el diablo en mi contra luego de aniquilar mis finanzas y deteriorar mi salud. La respuesta vino unos días después cuando me enteré de la delicada condición de salud de mi hija.

Pero el testimonio de hoy no lo daré sobre mi persona, hablaré de lo que ha hecho mi hija para enfrentar su condición. Luego de estar por varios meses siendo examinada por varios médicos especialistas quienes le recomiendan una operación sumamente complicada y riesgosa, mi hija ha decidido poner toda su ansiedad y preocupación en las manos de Dios. Ella me dijo que no va a someterse a una cirugía cuya efectividad es cuestionable y que prefiere que el Señor haga con ella conforme a sus planes.

Como su padre, en lo humano me puede pasar como a cualquier otro, me temblarían las piernas. Mi hija apenas roza las tres décadas cuando comparto este mensaje a principios del 2015 y tiene una niña de apenas 3 años que necesita de su cuidado. Pero como hombre de fe, me siento admirado de su confianza en nuestro Dios y Padre.

Probablemente tú que escuchas o lees este mensaje estés pasando por una situación difícil y sientes ansiedad y preocupación. En lugar de desesperarte, acude a tu Padre que está en los cielos y deja a Sus pies tu ansiedad. Recuerda que Él tiene gran cuidado de ti porque eres Su hijo o Su hija. Confía en quien te ama con amor eterno. Dios te bendiga.

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