Morada en los Cielos

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Juan 14:1-3

Cuando alguien va de viaje a un lugar distinto al suyo, es muy bueno saber que va a encontrar un alojamiento seguro en ese lugar. Cuando nuestro Señor Jesús andaba con Sus discípulos, antes de retornar al lado de Su Padre, les prometió a ellos que iba a preparar un lugar para recibirlos. Esa promesa del Señor no se limita a Sus doce más íntimos, ni a los 70 que envió de dos en dos o a los que estaban en el Aposento Alto el día de Pentecostés, la promesa es extensiva a cada uno de quienes lo han recibido.

A mediados de 2001, por ciertas circunstancias de la vida, tuve que dejarlo todo en Puerto Rico, donde vivía e irme a otro lugar. Uno de mis antiguos profesores de Ingeniería Química me recibió en su casa de San Antonio, Texas. Fue agradable tener un lugar donde me recibieran en este cambio de vida que me vi precisado a dar. No me quedé todo el tiempo es esa casa; pero si me siento agradecido de haber recibido morada lo necesario hasta que me pude valer por mí mismo en mi nuevo lugar de residencia.

Algún día nos tocará a todos abandonar este mundo. ¿A dónde iremos cuando ya nuestro aliento de vida haya desaparecido por completo? La respuesta a esta pregunta podría ser objetiva o subjetiva. La respuesta subjetiva va a depender de nuestro sistema de creencias. Así habrá quien responda que reencarnamos; o que vamos a un lugar de purificación antes del destino final; o que resucitaremos y viviremos en la Tierra; o que simplemente todo se acabó con la muerte porque no existe nada fuera de lo que conocemos.

La respuesta objetiva no depende de filosofías humanas sino de lo que dice Dios sobre el tema. La Biblia es muy clara al respecto y dice que solo hay dos lugares posibles los cuales están descritos fielmente en la historia del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31). Uno de esos lugares es de tormento mientras que el otro es de paz y consuelo. Este lugar es la morada del Padre de nuestro Señor Jesucristo, donde Él se nos ha adelantado con el fin de preparar un espacio para todo aquel que ha creído en Él.

La morada celestial debiera ser el objetivo de todos. No creo que alguien tenga deseos de pasar una eternidad en un lugar de tormento. Y definitivamente, no importa si creas o no en que existe algo más allá después de la muerte, la realidad es que sí existe ese algo y solo hay dos destinos disponibles. Y aunque no nos ganamos el hotel del millón de estrellas en los cielos por lo que hacemos, lo cierto es que dependiendo de nuestra decisión en vida tendremos o no un lugar reservado con nuestro nombre.

Creer en Jesucristo, arrepentirnos de nuestros pecados y reconocer Su señorío sobre nuestra vida es la decisión que nos permite disfrutar de vida eterna. No dejemos pasar la oportunidad de asegurar la morada celestial. Hoy es el día perfecto para hacer nuestra reservación allí porque no sabemos si tendremos un mañana. Dios te bendiga.

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