Deber para con Dios

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

1 Juan 2:3-6

El apóstol Juan nos trae un tema muy interesante para reflexionar. La pregunta para hacernos es ¿si estamos bajo la gracia, tenemos también que cumplir con la ley? ¿Por qué Juan habla de guardar los mandamientos como un requisito para demostrar que conocemos a Dios? Estas preguntas pueden traer mucha discusión teológica. Pero como siempre, la mejor manera de encontrar respuestas verdaderas es permitiendo que el propio Espíritu de Dios nos dé la revelación.

Una vez una amiga cristiana discutía conmigo diciendo que en ningún lugar de la Biblia nos ordenan cumplir los mandamientos sino simplemente guardarlos. Si buscamos la definición de guardar en el diccionario tenemos lo siguiente: cuidar, vigilar, custodiar; colocar algo en el lugar apropiado; conservar, no gastar; cumplir, observar una regla; mantener, observar; precaverse, recelar de un riesgo; evitar. Por lo tanto, guardar no solo significa tener algo en custodia sino implica cumplimiento u observación de la regla.

El asunto no se trata de seguir al pie de la letra los mandamientos de Dios porque con ello nos ganamos el cielo. En primer lugar, los seres humanos somos totalmente incapaces de satisfacer el estándar de Dios. Nadie puede ufanarse de que guarda o cumple a cabalidad los mandamientos. En segundo lugar, precisamente por nuestra incapacidad de pasar la prueba satisfactoriamente, es imposible que nos ganemos el cielo por nuestros propios méritos.

Observar los mandamientos de Dios debe ser una consecuencia de haberlo conocido. Una vez que nos relacionamos con Él, es inevitable que nuestra vida cambie. Cuando Moisés se reunía con Dios en el desierto del Sinaí, era notable la gloria de Dios en su cara, a tal punto que el resplandor era tan fuerte como para dañar la vista de quienes lo miraban. Así pues, que nuestra mejor demostración de que Dios mora en nosotros es evitando hacer todas aquellas cosas que Él rechaza, las cuales ha dejado claramente escritas en Su Santa Palabra.

Demostremos el amor de Dios para con nosotros guardando lo que dice Su Palabra. No convirtamos la libertad que Él nos ha dado al librarnos de las cadenas del pecado es una licencia para quebrantar sus mandamientos. Aunque la salvación sea gratuita para nosotros, no debemos olvidar que su precio es valiosísimo. El costo de la sangre de Jesús derramada en la cruz del calvario es incalculable. Justamente tanto pagó Dios para rescatar a cada pecador que se arrepiente. Nuestra obediencia a Sus mandatos es solo un leve reconocimiento de Su inmenso amor, de Su entrega y la mejor demostración de gratitud  que podemos brindarle. Consideremos como nuestro deber ineludible guardar la Palabra de nuestro amado Padre Celestial. Dios te bendiga.

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