El Señor es Nuestro Ayudador

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

Hebreos 13:5-6

En el mundo actual, la mayoría de la gente suele estar más preocupada por tener más cada día. La sociedad de consumo en la cual vivimos nos tienta a luchar por adquirir lo que está de moda, lo último en la tecnología y procurar conservar cierto estatus. Muy pocos parecen sentirse motivados a lo que dice Hebreos 13:5: Sean vuestras costumbres sin avaricia. Sino que cada día se afianza más la tendencia de estar apegados a las cosa materiales y al dinero.

Creo que la máxima expresión de avaricia de nuestra sociedad del siglo XXI es el llamado Viernes Negro. El cuarto viernes del mes de noviembre, justo al día siguiente a la celebración del Día de Acción de Gracias, las tiendas de los grandes centros comerciales anuncian grandes descuentos en sus ventas que atraen a millones de personas. Al principio, las tiendas abrían temprano el viernes; pero mucha gente estaba haciendo filas durante toda la noche. Actualmente, algunas tiendas abren a partir de las primeras horas de la noche del jueves, lo cual hace que la gente se olvide de agradecer a Dios y compartir con su familia la cena de Acción de Gracias para irse de compras.

¡Qué pocos están contentos con lo que tienen ahora! Más bien muchos están pendientes de la salida al mercado del nuevo modelo de iPhone con el fin de ser el primero en adquirirlo. Todo, incluso las relaciones se han convertido en objetos descartables. Es una verdadera pena que veamos el vaso medio vacío en lugar de medio lleno. La peor tendencia actual es la de ignorar a quienes tenemos al lado prefiriendo introducirnos en nuestro teléfono inteligente o tableta para enterarnos de lo que pasa a miles de kilómetros de nosotros.

Toda la avaricia y el descontento que nos arropa hoy día es producto de querer hacerlo todo contando tan solo con nuestras propias fuerzas. Rechazamos la ayuda que Dios quiere darnos porque lo excluimos de nuestras decisiones. Entonces, cuando las cosas no salen como habíamos pensado, tenemos la desfachatez de enojarnos con Dios porque no nos ayudó a complacer nuestros deseos, sin tomar en cuenta que no le pedimos opinión previamente.

Dios no quiere desampararnos ni dejarnos solos. Él quiere ser nuestro ayudador y nuestro principal defensor tanto de lo que pasa en el mundo visible como de las maquinaciones del príncipe de las tinieblas. Cuando depositamos toda nuestra confianza en nuestro Padre Celestial, siempre iremos por el camino correcto, independientemente de que no lo parezca.

Dejemos de prestarle mayor atención a las cosas del mundo que hoy están y mañana desaparecen. Permitamos que Dios sea nuestro norte, nuestro soporte, nuestro ayudador, lo cual va conforme a los planes y propósitos que Él tiene para nuestras vidas. Solo de esa manera podremos vivir confiados. Dios te bendiga.

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