Protección Divina

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isaías 43:2

La humanidad siempre ha sentido preocupación por la seguridad personal. Ya desde los tiempos antiguos, los soldados iban a la guerra protegidos por una armadura. En ese equipo de protección se incluía la coraza, el escudo y el yelmo. Hoy todavía los soldados continúan protegiéndose y llevan casco y chaleco antibalas. Espiritualmente, Dios promete protegernos de lo visible y de lo invisible.

Mi carrera conlleva bastantes riesgos. Cuando se trabaja en un laboratorio con sustancias inflamables, explosivas o tóxicas hay que usar un buen equipo de seguridad. Es necesario llevar una bata para las tareas rutinarias; pero en caso de mayor peligro, se requiere el uso de ropa especial, máscaras e incluso trabajar en una atmósfera controlada. Al trabajar en una planta de proceso se debe llevar casco de seguridad y botas especiales con puntas de acero.

He visto la mano de Dios protegiéndome del peligro a través de más de tres décadas de ejercicio profesional. Una vez yo estaba en mi mesa de trabajo y una de mis compañeras puso a destilar éter bajo una campana de extracción justo a mis espaldas. Ella puso a funcionar el sistema de destilación unos minutos antes de irnos a almorzar y luego todos salimos. Cuando regresamos nos dimos cuenta de que se había producido una explosión cuya onda expansiva voló la puerta de acero del laboratorio contiguo situado a más de 10 metros de distancia.

Yo pude haber muerto porque la explosión ocurrió a menos de un metro de donde me encontraría trabajando. Si bien para ese tiempo yo vivía mi vida de espaldas a Dios, Él tenía cuidado de mí porque me ha amado desde antes de mi nacimiento. Las pruebas de protección divina que he vivido son muchas. Dios me ha librado de la muerte en accidentes, atentados, desastres naturales y enfermedades entre otras, no una vez, sino muchas veces.

En el libro de Daniel se narra la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego, quienes fueron librados por Dios de morir dentro de un horno. En ellos se cumplió la promesa divina de Isaías 43:2 porque pasaron por el fuego sin quemarse y sin que la llama ardiera en ellos. El pueblo de Israel pasó dos veces entre las aguas sin anegarse. Primero cuando cruzaron el Mar Rojo huyendo del faraón. Allí en Señor se glorificó destruyendo el poderoso enemigo de Su pueblo. La segunda vez que los israelitas pasaron entre las aguas sin anegarse fue cuando cruzaron el Jordán para conquistar la tierra prometida.

No pienses que el milagro de protección de Dios se limita a aquellos colosos bíblicos como Sadrac, Mesac y Abed-nego. Ciertamente Él no tiene la intención de que el fuego te destruya. Existe un lago de fuego eterno del cual el Señor quiere librarte y para eso envió a Su Hijo a morir en una cruz a fin de que esas llamas no te alcancen. Solo tienes que arrepentirte de todos tus pecados y entregarle tu vida a Jesucristo. De ese modo, estarás protegido eternamente disfrutando de Su cuidado personal. Dios te bendiga.

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