Todo Procede de Dios

Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos.

1 Crónicas 29:12

La historia humana está llena de personajes que han alcanzado hitos en varios ámbitos de la vida. Hay quienes han ostentado el poder de un gran territorio, quienes se han destacado en el deporte o las artes y quienes han logrado aportes beneficiosos para el mundo en las ciencias. Algunos de ellos han creído que sus dones y talentos los han hecho superiores a los demás mortales; pero otros han tenido la suficiente humildad para reconocer que la fuente de sus riquezas, su fama y su grandeza procede de Dios.

Es muy fácil permitirle a Dios que nos dirija en las cosas espirituales; pero mucha gente prefiere dejarlo fuera de las cosas materiales. Y es que a mucha gente le parece que Él no tiene jurisdicción sobre las riquezas. Sin embargo escrito está en Hageo 2:8: Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. Si admitimos que Él fue el Creador de los cielos y la tierra, absolutamente todo lo que existe, incluyendo los tesoros físicos les pertenecen.

No cabe duda que la gloria viene de Dios porque es suya, tal como dice el Salmo 104:31: Sea la gloria de Jehová para siempre. Pero existen personas que se creen gloriosas, sin tomar en cuenta lo que dice la Escritura en Isaías 42:8: Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas. Definitivamente que Dios no va a compartir Su gloria con nadie porque es un Dios celoso, como dice el segundo de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:4-6).

Como Creador de todo lo que existe, Dios es dueño de todo y como dueño, tiene el dominio sobre todo lo que existe. Salmo 103:19 dice lo siguiente: Jehová estableció en los cielos su trono, y Su reino domina sobre todos. Dominar sobre todas las cosas y sobre todos los seres vivientes significa que Él es la autoridad suprema. Lamentablemente hay muchos ejemplos en la historia humana de hombres y mujeres quienes se han creído lo suficientemente poderosos para prescindir de Dios.

La fuerza y el poder proceden de Dios. Eso lo reconoció el rey Josafat cuando dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? (2 Crónicas 20:6). No es para sentirnos fuertes y poderosos por nosotros mismos ya que jamás podríamos igualarnos a Dios en eso.

Siendo Dios la fuente de las riquezas y la gloria, quien domina sobre todo y sobre todos, y quien posee la fuerza y el poder, Él es el único que puede conceder tales cosas. Por lo tanto, las riquezas que llegan a nuestras manos proceden solamente de Dios. Si llegamos a ser admirados es porque Él ha puesto Su gracia en nosotros. Cuando alcanzamos fuerza y poder es porque ha sucedido lo dice Efesios 6:10: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Así, pues demos gracias a nuestro Padre Celestial por todo lo que nos da, porque no solo nos ama, nos perdona y nos salva, sino que nos puede hacer grandes y dar poder. Dios te bendiga.

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