La Armadura de Dios

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Efesios 6:10-17

Cuando decidimos seguir a Cristo y abandonamos las cosas de este mundo, el príncipe de las tinieblas se convierte en nuestro enemigo. Y como decía el Chavo del 8, sin querer queriendo estamos en medio de una guerra espiritual. En toda guerra hay dos bandos y ambos pretenden ganarla. En las guerras los soldados deben de estar suficientemente entrenados y apropiadamente equipados para poder luchar, sobrevivir y ganar. Nosotros, como soldados de Cristo, debemos conocer nuestro equipo de protección y nuestras armas para poder vencer.

Nuestro entrenamiento lo da nuestro Señor, quien nos da la fuerza. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece dice Filipenses 4:13. Debemos de estar preparados y alertas porque siempre vendrán días malos ya que nuestro enemigo estará siempre listo para atacarnos, como nos dice 1 Pedro 5:8: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Por eso debemos usar todo el tiempo la Armadura de Dios.

El cinturón de la verdad nos da libertad: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). De este modo estamos seguros de no caer en las mentiras del enemigo. La coraza de justicia protege nuestro corazón, como nos dice Proverbios 4:23: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. El apresto del evangelio de la paz es nuestro calzado. Somos mensajeros de las buenas nuevas de salvación: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:15).

La fe es un escudo impenetrable. Dice Salmo 18:30: En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan. Poniendo nuestra fe en Dios, rechazaremos todos los ataques del enemigo.

Debemos tomar conciencia de que el campo de batalla del enemigo es nuestra mente. Él va a tratar de acusarnos cada vez que cometamos un error, por eso nuestra salvación debe ser el casco que nos proteja: Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo (1 Tesalonicenses 5:8).

Finalmente, nuestra arma de ataque y defensa es la Palabra de Dios: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Dios te bendiga.

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