Humillados Delante de Dios

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

2 Crónicas 7:14

La humanidad pasa por tiempos muy difíciles. A pesar de que para algunos hay cierta sensación de bienestar, las cosas no andan tan bien como aparentan. Nuestro planeta está enfermo. El calentamiento global ya no es mera especulación. Año tras año, los cambios climáticos se hacen sentir. Por otro lado, existe la amenaza latente de que grupos extremistas se apoderen del poder e impongan a la fuerza sus ideas. Ante todas las incertidumbres que enfrentamos, lo que Dios espera que hagamos es que nos humillemos delante de Él. Solo entonces, Él responderá a nuestro favor.

Hace varios años, Jonathan Cahn publicó el libro “El Presagio” el cual se convirtió en un éxito de ventas en los Estados Unidos. En este libro se presenta una historia en forma de narración acerca del misterio ancestral que guarda el secreto del futuro del mundo. La clave de todo el libro se centra en Isaías 9:10: Los ladrillos han caído, pero con piedras labradas reedificaremos; los sicómoros han sido cortados, pero con cedros los reemplazaremos.

En el libro de Jonathan Cahn se establece un paralelismo entre la profecía dada al reino de Israel y los Estados Unidos hoy en día. Pero la advertencia que Dios quiere darnos hoy no se limita a las 10 tribus que se separaron del resto del pueblo de Dios tras la muerte del rey Salomón o a la gran nación de Norteamérica, sino para todo el género humano, para cada país, cada pueblo, para toda la Tierra.

La naturaleza cada día nos lanza llamadas de advertencia de que hemos abandonado el camino que conduce a Dios para seguir por uno de perdición. Cada vez los ciclones tropicales son más frecuentes y destructores. En muchos lugares de la tierra se producen terremotos y los volcanes entran en erupción. En las regiones templadas, los inviernos son cada vez más rigurosos con nevadas impresionantes. Amplias zonas sufren de sequías, como California, mientras ocurren inundaciones en las regiones desérticas del norte de Chile. En fin, el clima del planeta se ha alocado por completo.

Si a todo eso sumamos los cada vez más frecuentes ataques terroristas en diferentes lugares del mundo, la degeneración social y moral, la corrupción gubernamental, entre otros, el panorama es desolador. Aunque no lo queremos admitir, cada mal que azota a la humanidad es una advertencia para que cambiemos nuestro rumbo. ¿Cuál es la respuesta que damos a Dios ante tales advertencias? Justo lo que dice Isaías 9:10: enfrentamos la situación con un desafío y todo el mundo lo ve como algo muy lógico y natural.

Sin embargo, la respuesta que Dios espera de nosotros es todo lo contrario. Es justo lo que nos dice 2 Crónicas 7:14: humillarnos delante de Él, oración, buscar Su rostro y arrepentirnos de nuestro mal proceder. Solo así Dios sanará nuestra Tierra. Escuchemos Su voz de alerta y tomemos acción. Dejemos el orgullo y el desafío que nos llevan a la ruina total y confiemos plenamente en Su Palabra. Dios te bendiga.

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