Caminando Hacia la Meta

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3:14

Una parte muy importante de la preparación de un viaje es señalar previamente su destino. Dice un dicho popular común en algunos países de nuestra América que quien no sabe a dónde va ya llegó. Es preciso que indiquemos la meta hacia donde nos dirigimos para entonces caminar hacia ella. La Biblia presenta varios ejemplos de viajeros con metas claras y uno de esos ejemplos es el siguiente: Salió, pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá (Rut 1:7).

Este versículo nos habla de Noemí y sus dos nueras Orfa y Rut. Las tres eran viudas. Al quedarse Noemí sin su marido y sus dos hijos, decidió regresar a su tierra natal en Belén de Judá acompañada de sus dos nueras. Al final, tan sólo Rut acompañó a Noemí hasta el destino final. Eso es algo que nos puede suceder con frecuencia en la vida, emprendemos un viaje con alguien más hacia un destino señalado, pero algunos de nuestros acompañantes se quedan por el camino. Creo que eso nos ha pasado a todos.

A mí me ha pasado muchas veces y una de esas ocurrió durante mis tiempos en la universidad. Varias decenas de estudiantes iniciaron la carrera de ingeniería química junto conmigo, pero al momento de la graduación, tan sólo una docena de nosotros alcanzó la meta. Muchos se fueron al principio, pero otros, con quienes llegué a compartir gratos momentos y a quienes me unió una hermosa amistad, los vi devolverse a mitad de la carrera. Es triste dejar a compañeros de viaje antes de llegar a la meta; pero eso es algo que no puede evitarse.

Otro versículo  que habla de una meta o destino de viaje es 1 Samuel 16:1: Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. Este pasaje de las Escrituras nos deja dos mensajes importantes. Que no ganamos nada lamentándonos de lo nos pase en nuestra travesía, incluso si alguno de nuestros compañeros de viaje se queda en el camino. El segundo mensaje importante se refiere a que debemos continuar hasta alcanzar la meta. Definitivamente, Dios tiene siempre un plan B y sus planes son mejores que los nuestros.

Jesús de Nazaret nunca paró hasta llegar a su meta: Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén (Lucas 13:33). La meta de Jesús era la cruz del calvario donde murió por mis pecados y por los tuyos para darnos una nueva oportunidad de reconciliarnos con nuestro Dios, restableciendo Su plan original de una relación familiar entre nuestro creador y nosotros. Imagínate cuan perdidos estuviésemos si Jesús no hubiese alcanzado Su meta. Ahora es tu turno de caminar hacia la meta de la mano de Jesucristo. Dios te bendiga.

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