Sorpresas en el Camino

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo.

Hechos 9:3

Una vieja canción latina dice “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, Dios.” [Pedro Navaja-Rubén Blades (1978)]. Esta canción narra la historia de un matón de esquina apodado Pedro Navaja, quien recibió dicho sobrenombre debido a su costumbre de acuchillar a las víctimas a quienes robaba. Ese matón se llevó tremenda sorpresa un día que quiso asaltar a una prostituta callejera y ésta le disparó hiriéndole mortalmente. Sucede que, a veces, vamos por nuestro camino con una agenda propia; pero Dios nos cambia todo el programa, tal como hizo con Saulo de Tarso.

Saulo de Tarso, quien posteriormente se convertiría en el apóstol Pablo iba a Damasco con la intención de continuar con su labor de hostigar a los cristianos; pero, igual que a Pedro Navaja, “la vida le dio sorpresa, sorpresa le dio la vida, ay Dios.” Afortunadamente para él y para nosotros, la sorpresa de Saulo de Tarso no terminó igual que la sorpresa del “matón de esquina” pues él no tuvo una muerte física, pero sí murió a su antigua naturaleza.

Saulo de Tarso luego de esta sorpresa en el camino, una especie de “encuentro cercano del tercer tipo” con Jesucristo  similar al de la famosa película de ciencia-ficción de los años setenta, quedó convertido en Pablo, el Apóstol de los gentiles. El amor de Jesucristo transformó a este hombre de ser un perseguidor a ser perseguido por su fe, la cual defendió con valentía en todos los lugares a donde fue.

Tal vez tú has sido como Saulo de Tarso y te has resistido a creer en el evangelio de Jesús de Nazaret. Quiero decirte que Jesús te tiene una buena noticia, tal como le pasó a Saulo: Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hechos 9:4). Cristo te ama y te quiere decir como le dijo a Saulo: Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coses contra el aguijón (Hechos 9:5).

Ríndete a Él, quien te transformará como dice su palabra en Ezequiel 36:26: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Ya Él lo hizo conmigo y sé que también quiere hacerlo contigo. No le temas a ese resplandor de luz del cielo, quizás te deje temporalmente ciego; pero tus ojos se abrirán de nuevo de par en par y entonces podrás ver la luz de un nuevo día y te verás convertido en una nueva criatura como dice 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Hoy es el día que el Señor tiene preparado para tu redención. No importa que te encuentres solo leyendo o escuchando este mensaje. Tú no necesitas testigos para ponerte a cuentas con Dios. Él desea establecer una relación personal contigo, en la cual Él sea tu Padre y tú su hijo o hija. En tus manos está la decisión. Dios te bendiga.

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