El Odio no Viene de Dios

El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

1 Juan 2:9-11

Todo el mundo ha escuchado alguna vez que el apóstol Juan escribió que Dios es amor (1 Juan 4:8). En cualquier idioma, el antónimo de amor es odio. Por lo tanto, si Dios es amor, el odio jamás vendrá de Él. En Juan 3:16 leemos: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. El sacrificio de Jesús en la cruz fue un acto supremo de amor de parte de Dios. A pesar de que la humanidad había aborrecido a Dios apartándose de Su camino, la respuesta del Creador no vino acompañada de odio sino de amor.

Recuerdo una historia que escuché hace tiempo de una mujer que estaba enferma de un extraño mal del cual ningún médico descubría el origen. Esta mujer había sido sometida a todo tipo de análisis sin encontrar la causa de su enfermedad. Finalmente, un doctor fue a visitarla a su apartamento en un tercer piso de un edificio residencial. El doctor estaba conversando con ella cuando de repente la mujer se levantó de su asiento y le dijo a él señalando a otra mujer que caminaba por la calle: “Esa mujer es mi vecina, la odio con todo mi corazón.”

El doctor comprendió que el origen de la extraña enfermedad de esta mujer estaba en el odio que ella sentía hacia su vecina. La mujer no solo sentía odio sino que también anidaba falta de perdón y raíces de amargura en su corazón. Todos esos sentimientos la habían enfermado a tal punto que ninguna terapia era efectiva para combatir su dolencia. Evidentemente que ella necesitaba cambiar esos sentimientos dañinos por los que Dios produce de acuerdo al fruto de Su Espíritu: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5:22-23).

El odio acarrea una serie de males, los cuales solo pueden ser superados por el amor. Proverbios 10:12 dice: El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas. Por causa del odio vienen enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, envidias y homicidios, entre otros. Ninguna de estas cosas es buena, sino todo lo contrario. Todas ellas son llamadas obras de la carne por Pablo en Gálatas 5:19-21.

Odiar a nuestro semejante es un claro indicativo de que no estamos en el camino de Dios, no importa cuán religiosos nos presentemos ante los demás. De la misma manera que la luz y las tinieblas se oponen entre sí, el odio y el amor son polos totalmente opuestos. Cuando andamos con alguien, algunas de sus cosas se nos pegan. Es probable que imitemos sin darnos cuenta los gestos y el modo de hablar de nuestros amigos más íntimos. De la misma manera, cuando estamos cerca de Dios, imitaremos lo que viene de Él. Por lo tanto, el odio va a estar ausente en todo aquel que tiene una relación con Dios. En su lugar, el amor, el perdón y la misericordia van a prevalecer. Dios te bendiga.

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