La Oración Mal Formulada

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Santiago 4:3

En numerosas ocasiones he escuchado quejas de gente quienes le piden a Dios cosas que nunca reciben. El razonamiento de tales personas es que Dios no está interesado en resolverle sus problemas. Dicen que probablemente nuestro Padre Celestial está muy ocupado atendiendo otros asuntos o que simplemente Él se ha olvidado de ellos. Como casi siempre la gente anda buscando culpables del otro lado, casi nunca se detienen a meditar si ciertamente sus oraciones tienen o no el fin correcto desde la perspectiva de Dios.

Veamos un caso que puede suceder en la vida particular. Supongamos que queremos hacer un viaje a algún lugar y hablamos con nuestro jefe en el lugar de trabajo para que nos cubra los gastos del viaje. La respuesta puede ser un sí o un no. Si nuestro viaje va a servir con un fin que beneficie a la empresa, es muy probable que seamos complacidos. Pero si lo que deseamos es irnos a disfrutar de unas vacaciones con nuestra familia a una playa del Caribe, sin duda que nos negarán los fondos que cubren tal viaje.

Durante el ejercicio de mi carrera profesional he disfrutado de numerosos viajes los cuales no me han costado un centavo. Muchos de ellos ni siquiera los solicité sino que la propia empresa para la cual trabajaba me enviaba a algún congreso o entrenamiento. En algunos de esos viajes fui con mi familia costeando esa parte de mi bolsillo. Cierto es que además de los congresos o entrenamientos siempre hubo espacio para disfrutar de cosas tales como conocer los viñedos del Valle de Napa en California o los museos del Instituto Smithsoniano en Washington; pero indudablemente que el propósito principal de cada uno de esos viajes iba conforme a los planes de la empresa.

Dios no va a responder una oración formulada con un propósito egoísta. Definitivamente que si le pedimos que nos provea dinero para gastarlo en las cosas que nos agrada, es poco probable que lo obtengamos. Pero si pedimos tal bendición con el fin de expandir el Reino de Dios e ir por las naciones proclamando las buenas nuevas de salvación, es más probable que lo recibamos. Y también es probable que Dios permita que disfrutemos el viaje conociendo lugares y personas. Te lo digo por experiencia, ya que he ido en viajes misioneros y, además de hacer mi tarea para Dios, he tenido tiempo para disfrutar y conocer lugares maravillosos como el Macchu Pichu en Perú o El Peñol en Colombia.

En el Salmo 23 vemos que Dios, como nuestro pastor promete darnos cosas maravillosas para que las disfrutemos. Eso demuestra que la intención de Dios no es que la pasemos mal. Sin embargo hay algo que Él desea que hagamos primero, tal como dice Salmo 37:4: Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Si buscamos Su presencia primero y nos deleitamos en Él, entonces nuestras peticiones serán respondidas. Hagamos que nuestras oraciones procuren primero cumplir con los propósitos de Dios no los nuestros. Que nuestro principal deleite sea Él y no satisfacer nuestras pasiones. Como nuestro Padre, Él ha prometido cubrir todas nuestras necesidades, todo lo que nos haga falta. Nos toca complacer Su corazón. Dios te bendiga.

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