La Misión de la Unción

Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:18-19

Mi pastor repite continuamente que unción es sinónimo de capacitación. Él me ha enseñado que el Espíritu Santo nos unge con el fin de capacitarnos para llevar a cabo con eficiencia la obra del Señor. Cuando leo Lucas 4:18-19 o Isaías 61:1-2, comprendo que él tiene toda la razón. Somos ungidos con el fin de cumplir nuestra misión como soldados de Jesucristo.

En el año 2008, mi hijo mayor decidió formar parte del Ejército de los Estados Unidos. El primer requisito era recibir entrenamiento que lo capacitara para ser un soldado eficiente. Su entrenamiento básico fue en Fort Knox, Kentucky. Yo fui allí para su investidura. Pero su capacitación no terminó allí. Luego de su entrenamiento básico, mi hijo pasó por otras tres bases más: Fort Lee, Virginia; Fort Benning, Georgia; y Fort Polk, Louisiana, antes de ser asignado a su base permanente en Fort Bragg, Carolina del Norte.

En cada una de las bases militares a las cuales asistió, mi hijo recibió entrenamiento especializado que lo iba a capacitar para servir en el Ejército de los Estados Unidos de América. Una vez concluida la serie de entrenamiento, él ya estuvo listo para cumplir su primera misión en Iraq, donde prestó servicio por un par de años para luego regresar a su unidad militar correspondiente.

En lo espiritual, se dice que Dios no escoge a los capacitados sino que capacita a los escogidos. Igual que en los ejércitos humanos, en los cuales no se envía al campo de batalla a un recluta sin ser previamente entrenado, Dios no va a enviar a ninguno de sus siervos a cumplir una misión sin antes ser capacitados adecuadamente. Pero la gran diferencia es que la capacitación divina no necesariamente implica pasar determinado tiempo en una institución académica o un campamento espiritual.

En Lucas 24:49 dice el Señor: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. El poder a que nuestro Señor se refiere es la unción del Espíritu Santo, la cual fue derramada sobre Sus discípulos el día de Pentecostés. Así, un simple pescador como Pedro fue capaz de predicar con tal poder que miles de personas se convirtieron a Jesucristo.

En Isaías 10:27 leemos: Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción. La unción nos da la capacidad de predicar el evangelio de poder que libera a los cautivos del pecado, les da esperanza a los pobres de espíritu, sana a los enfermos, expulsa demonios y hace milagros, prodigios y señales que glorifican a nuestro Padre Celestial. Busquemos una unción fresca cada día para ser capaces de cumplir con la gran comisión que nos ha sido encomendada de hacer discípulos en todas las naciones. Dios te bendiga.

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