En Qué Debemos Pensar

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8

La mayor parte de la humanidad pasa su vida entera pensando en sus propios problemas. Es muy común en la gente estar pendientes de las deudas, vivir afanados por alcanzar metas, revivir a cada instante lo mal que le hayan tratado, resentirse porque no le han prestado atención en una reunión o estar celosos de lo que tiene el vecino y de lo cual carecen. Por eso, muchas veces la gente vive en un mundo de mentiras, deshonestidad, injusticia, impureza y envidia. Y sus pensamientos son enfocados justamente hacia esas cosas.

No es pues extraño que exista el estrés y, como consecuencias vengan enfermedades que pueden causar incluso la muerte. Tampoco es extraño que la humanidad esté repleta de conflictos desde el pequeño círculo familiar hasta las disputas entre naciones. Hay que tener en cuenta que todas las acciones humanas fueron primero pensamientos iniciados en nuestra cabeza. Y si esos pensamientos no son de bien, obviamente que las acciones que producen serán para mal.

¿Cómo son los pensamientos de Dios? ¿Serán parecidos a los nuestros? La Escritura nos contesta ambas preguntas en Isaías 55:8-9: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Si los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros, entonces Él no se dedicará a pensar en las nimiedades de las cuales nos ocupamos los humanos. No me imagino a Dios resentido porque hoy nos levantamos sin orar o darle gracias por un nuevo día. Ni tampoco creo que Él nos cerraría la puerta en la nariz cuando lo busquemos para que nos resuelva un problema después de andar pecando en Su contra. Creo más bien que entre los pensamientos de Dios están la misericordia, el amor, el perdón y la justicia.

Si nuestros pensamientos no van conforme a lo que dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:8 es porque no buscamos de Dios. Veamos lo que está escrito justo antes de este verso, es decir en Filipenses 4:6-7: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Queda pues muy claro que el afán es el impedimento que no nos permite pensar de acuerdo a lo que espera Dios de nosotros. Frente a eso, nos toca buscar de Su paz en oración y acción de gracias para que nuestros pensamientos sean guardados en Cristo Jesús. Solo así seremos capaces de pensar en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, virtuoso y digno de alabanza. Dejemos atrás el afán y dejemos de mirar las circunstancias que nos rodean. Dios te bendiga.

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