Evitemos la Pereza

Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente,  coman su propio pan.

2 Tesalonicenses 3:10-12

Tengo la impresión de que la pereza es causante de muchos otros males en las naciones del mundo. No tengo datos estadísticos al respecto, pero me atrevo a asegurar que la riqueza de una sociedad humana es proporcional a la laboriosidad de sus habitantes. En el mismo sentido, es lógico pensar que la pereza se relaciona directamente con la pobreza. En 2 Tesalonicenses 3:10-12, el apóstol Pablo dice palabras muy fuertes como “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” o “trabajando sosegadamente, coman su propio pan.”

Hace un tiempo recibí un mensaje el cual decía que la actitud de las personas y sus valores es lo que hace la diferencia entre los países ricos y los pobres. Según este mensaje, al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubrió que la mayor parte de la población cumple las siguientes reglas: la moral como principio básico, el orden y la limpieza, la integridad, la puntualidad, la responsabilidad, el deseo de superación, el respeto a las leyes y reglamentos, el respeto al derecho de los demás, la ética de trabajo y el esfuerzo personal.

Según el mismo mensaje, en los países pobres, solo una pequeña parte de la población sigue esas reglas en su vida diaria. Y concluye el mensaje diciendo que no somos pobres porque a nuestros países les falten riquezas naturales o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros. Somos pobres por nuestra actitud y por no cumplir con esas premisas básicas del funcionamiento de una sociedad.

Dentro de las reglas que siguen los habitantes de los países ricos y que dejan de seguir los de los países pobres hay algunas que tienen que ver con la pereza. Un individuo perezoso carece de puntualidad, responsabilidad, deseo de superación, ética de trabajo y esfuerzo personal. De las diez reglas, la mitad tienen que ver con la ausencia de pereza. Por lo tanto, no es asombroso que los países sean más ricos a medida que sus habitantes son menos perezosos.

En el libro de Proverbios podemos leer algunas cosas con respecto a la pereza. Proverbios 13:4: El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada. Proverbios 19:15: La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre. Proverbios 21:25: El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar.

La pereza evita el deseo de trabajar, el ser puntual, el ser responsable, el tener deseo de superación y de esforzarse. Como consecuencia de la pereza viene el hambre y la pobreza. Dios no fomenta la pereza ni la vagancia sino el trabajo digno y decoroso. Seamos pues diligentes todo el tiempo y evitemos caer en la pereza. Dios te bendiga.

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