Quitando las Raíces de Amargura

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.

Hebreos 12:15

El autor del libro de Hebreos identifica la raíz de amargura como un foco de contaminación que nos puede impedir alcanzar la gracia de Dios. Además de contaminar, la raíz de amargura es un estorbo en nuestra relación con Dios. Los estorbos se quitan y la contaminación debe evitarse y, si ya ha ocurrido, debe buscarse la manera de frenarla y eliminarla por completo a fin de que no produzca más daño.

El sabor amargo es el más desagradable de los cuatro sabores básicos. Según los científicos, este sabor se interpreta como desagradable debido al mecanismo de defensa para sobrevivir evitando envenenamientos. El sabor amargo es el menos apetecible de todos los sabores. La razón de esto parece encontrarse en que la mayoría de los venenos suelen tener este sabor.

Uno de los ingredientes tradicionales de la cena pascual que celebran los judíos es el Maror o las hierbas amargas. Las hierbas amargas, simbolizan la amargura y las penalidades de la esclavitud sufrida por los judíos en el antiguo Egipto. El Maror puede ser cualquier hierba fresca de sabor amargo, como por ejemplo rábano picado con remolacha para hacer un condimento denominado Jrein. Nuestro Señor ingirió con Sus discípulos este tipo de hierbas amargas durante la última cena.

Pero dentro de la misma cena de pascua, luego de comer las hierbas amargas hay un alimento que se consume. El Jaroset es una pasta dulce, de color marrón-rojizo, mezcla de diversos frutos secos de textura pedrosa, que representa el mortero empleados por los judíos esclavos para construir los graneros y los edificios del antiguo Egipto. El Jaroset mitiga el sabor amargo del Maror y tiene una representación simbólica con lo espiritual. En cierto modo, el Jaroset quita la raíz de amargura del Maror.

En Efesios 4:31-32, el apóstol Pablo nos insta a quitar de nosotros la amargura, entre otras cosas: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. El perdón es la clave para quitar de nosotros la raíz de amargura.

Ciertamente que todos hemos vivido parte de nuestras vidas de espaldas a Dios. El pecado ha sido un veneno amargo que ha dejado huellas en nuestro corazón. Las ofensas contra nosotros pueden haber dejado raíces de amargura. Pero si ya Dios nos ha perdonado, esas raíces deben de ser sacadas de nosotros. Dice Isaías 38:17: He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.

Si ya has confiado en Jesucristo como tu Señor y suficiente Salvador, tus pecados han sido perdonados. Perdónate tú también y perdona a quienes te han herido. Quita toda raíz de amargura que te contamina y estorba para que la gracia del Altísimo te acompañe cada día de tu vida. Dios te bendiga.

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