Todos Nos Descarriamos

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:6

No ha nacido ningún hombre ni ninguna mujer que pueda afirmar haber vivido sin pecado. Todos y cada uno de los que hemos nacido en esta Tierra de padres humanos tenemos nuestra cola. No podemos declararnos inocentes ante el trono de Dios porque siempre habrá algún pecado en nuestra vida. Como dice Isaías 53:6: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas. Tuvo que venir el Buen Pastor para buscarnos a través de nuestros caminos desviados a fin de llevarnos de nuevo al redil de Su Padre.

Dice Mateo 18:12-13: ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Cada uno de nosotros es esa oveja que se descarrió. Lamentablemente mucha gente se identifica erróneamente con las noventa y nueve restantes.

Cuando digo que hay quienes se identifican con las noventa y nueve ovejas que permanecieron en el redil en lugar de creer ser la descarriada no lo hago con ánimo de criticar ni ofender a nadie. Por muchos años, yo mismo fui uno de esos. Me creía bueno, una persona que no había matado ni robado y por eso sentía que estaba bien. Como otros muchos, iba de vez en cuando a una iglesia y trataba de seguir los ritos y tradiciones que me había enseñado mi madre.

Lamentablemente yo estaba muy equivocado. Durante toda mi vida yo violenté la Ley de Dios con mis actos. Pecado es todo lo que no le gusta a Dios, no lo que nuestra propia justicia quiere catalogar. Tampoco es cierto que hay pecados peores que otros, ante Dios todo lo que prohíbe Su Ley entra en la misma categoría. Además, quien viola un solo punto de la Ley de Dios, la está violando completamente.

Así que yo, al igual que toda la humanidad estuve descarriado y fui esa oveja que se perdió en el monte. Por años anduve huyendo de Dios sin darme cuenta de que el Buen Pastor andaba en mi búsqueda. Y ese Buen Pastor, Jesucristo, fue el mismo que entregó Su vida a fin de rescatar la mía de la perdición eterna. Cuando finalmente tuve ese gran encuentro con Él fue que me di cuenta de lo perdido que estaba y de que era imposible que yo pudiera salvarme por mis propios méritos.

No es una casualidad que estés escuchando o leyendo este mensaje hoy. No trates de mirar hacia otro lado porque te estoy hablando a ti precisamente. No te engañes creyendo ser una de las otras noventa y nueve ovejas. Eres esa que se descarrió, como lo fui yo y como lo hemos sido todos sin excepción. Recuerda que desde hace mucho tiempo el Buen Pastor anda en tu búsqueda. Hoy es el día para que te encuentres con Él. Deja ya de vagar por los montes de la vida porque nadie te dará mejor alimento que tu Pastor. Él te llevará hacia delicados pastos y te hará descansar. Él convocará una fiesta en los cielos en tu honor por haberte encontrado. Dios te bendiga.

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