Confesando para Ser Salvo

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Romanos 10:8-10

Lo que dice Romanos 10:8-10 es la clave para saber la diferencia entre tener vida eterna o carecer de ella. En estos tres versos bíblicos se establece el requisito que debemos cumplir con el fin de obtener la salvación. Hay muchas personas que dicen creer en Jesucristo y que sin embargo no son salvos. Y es que no basta con creer en Él. La salvación implica dar un paso extra: confesar con nuestra propia boca que Jesús es el Señor.

En mayo del 2002 yo estaba viajando desde San Antonio, Texas hasta Fort Lauderdale, Florida. Yo iba a una entrevista de trabajo y decidí viajar dos días antes de la misma. Mi vuelo fue un día martes y mi entrevista sería el jueves. Yo pude haber viajado el miércoles y ahorrarme una noche de hotel; pero lo hice así porque me habían invitado a un servicio en una iglesia para ese miércoles.

Para ser honesto, no era la primera vez que alguien me invitaba a una iglesia, pero yo siempre buscaba alguna excusa para no ir. Mi motivación para aceptar ir esa vez era que al día siguiente tenía una entrevista de trabajo y yo quería ponerme donde “Dios me viera” para que me ayudara a obtener el empleo. Esa era mi agenda, no iba porque tuviera real interés en encontrarme con Dios para establecer una relación con Él, sino por un propósito de mi interés personal y nada más.

Llegué una hora más temprano a la iglesia porque antes estaban orando por las personas y me convenía que oraran por mí para que me fuera bien en mi entrevista. Ese era mi plan, pero la agenda de Dios conmigo era otra. El servicio fue muy bonito y me gustó lo que decía el pastor, quien al final explicó lo que Jesús había hecho en la cruz por nosotros e invitó a quienes deseaban recibirlo como su Señor y Salvador. Como lo que oí me daba sentido, yo levanté mi mano y pasé al frente donde el pastor me guió en una oración en la cual yo confesaba con mi boca que Jesús es el Señor.

Al yo terminar la oración, cayó una venda que yo tuve en mis ojos durante toda mi vida. Por años, yo me creí una buena persona, a la cual Dios iba dejar entrar en Su cielo. Sin embargo, cuando confesé con mi boca el señorío de Jesús entré en pánico. Me di cuenta de que si esa noche, al yo salir de esa iglesia, yo hubiera muerto sin haber tomado antes la decisión de entregarle mi vida a Jesucristo, mi destino final iba a ser el tormento eterno, el infierno.

La razón era muy simple, yo no tenía suficientes méritos para ganarme el cielo. Si hoy que escuchas o lees este mensaje piensas que ese era mi caso; pero que tú si has sido lo suficientemente bueno para salvarte por ti mismo, te tengo una muy mala noticia. No importa todas las buenas obras que hayas hecho, todas ellas juntas no alcanzan el estándar de Dios. Por lo tanto, solo hay una vía: acepta a Jesús como Señor y Salvador y confiésalo con tu boca ahora y tendrás la salvación. Dios te bendiga.

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