Las Obras no Nos Salvan

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

Tito 3:4-7

Existen muchas personas que se esfuerzan por “ganar” el cielo. Esas personas se esmeran por ser buenos y hacen buenas obras convencidas de que es el medio de obtener la salvación de sus almas. Lamentablemente el esfuerzo que hacen es inútil porque ninguna obra humana es lo suficientemente valiosa para pagar el precio de la salvación. Es totalmente imposible acumular suficientes méritos para alcanzar la vida eterna. Por lo tanto, quienes dicen esforzarse tratando de ser buenos para complacer a Dios se están exponiendo a no ser salvos.

Por muy justas que creamos nuestras obras, ante los ojos de Dios no valen nada. Dice Isaías 64:6: Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. No importa todo el bien que creamos estar haciendo, nada de lo que hagamos pasa la prueba ante Dios. Se puede decir que nuestras “buenas obras” son una basura. Y si pensábamos usarlas para salvarnos, la Escritura deja muy claro que no sirven para eso.

El apóstol Pablo dice en Efesios 2:8-9: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Queda claro pues que la salvación es por gracia, es un regalo de Dios y nuestras buenas obras no aportan nada para alcanzarla. La razón que da Pablo es que nadie se dé a sí mismo la gloria de que ha sido salvado por méritos propios, sino que quienes reciban toda la gloria por nuestra salvación sean Dios y Su Hijo Jesucristo, quien murió por nosotros.

Dios no va a compartir su gloria con nadie más. Dice Isaías 48:11; Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro. Por lo tanto, solo el amor y la misericordia de Dios nos dan la oportunidad de obtener la salvación. Es un regalo maravilloso que no nos merecemos y el cual es imposible ganar por medio de lo que hacemos.

Al escuchar este mensaje, quizás estés pensando que estoy equivocado o que exagero. Es probable que pienses que sí existe gente buena en el mundo que podría ganarse el cielo. Y puedes decir que tú anhelarías ser una de esas personas santas que hoy ocupan los altares de algunas iglesias porque ellos sí han sido buenos y hoy están en el cielo. Así que dirías que tienes esperanza. Lamento decirte que sí piensas así te estás exponiendo a no ser alcanzado por la gracia de Dios. No es porque yo lo diga, sino porque lo ha dicho Dios en Su Palabra. Nuestras obras son inútiles para salvarnos y solo a través de Jesucristo tenemos esa opción. Cree en Él hoy y tendrás vida eterna. Dios te bendiga.

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