Amando al Mundo o a Dios

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1 Juan 2:15-17

No se puede estar entre dos aguas, especialmente cuando existen posiciones encontradas entre ambas partes. Las cosas del mundo son totalmente opuestas a las cosas de Dios. Si nos atraen las cosas del mundo, es tiempo de que nos analicemos a nosotros mismos y evaluemos nuestra relación con Dios. Lo más probable que sea el caso que nuestro amor por Dios haya menguado porque estemos amando más al mundo que a Él. Como dice 1 Juan 15:17: Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Entre Dios y el mundo hay posiciones antagónicas. Dice Santiago 4:4: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Quiere decir, conforme a lo que dice Santiago, ser amigo del mundo es convertirse en enemigo de Dios. Entonces, amar las cosas del mundo es ser amigo de él. Por lo tanto, otra vez se confirma que no se puede estar al mismo tiempo con Dios y con el mundo.

En 1 Juan 3:1 leemos: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. El mundo no conoce a Dios y tampoco nos conoce a los que somos Sus hijos. Es por eso que la gente que está en el mundo mira a los cristianos como si fueran extraterrestres. Y en cierto modo tienen algo de razón porque los hijos de Dios somos ciudadanos del Reino de los Cielos, el cual no es de este mundo.

El apóstol Pablo dice en 1 Corintios 2:12: Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. Al no tener el espíritu del mundo sino el de Dios, queda bastante claro que no hay manera que conciliemos con el mundo estando con Dios. Esta es otra reafirmación bíblica de la oposición entre las cosas de Dios y la del mundo.

Otra prueba de que las cosas de Dios y las del mundo son opuestas la encontramos en 2 Corintios 7:10: Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Al arrepentirnos de nuestros pecados sentimos tristeza por haberle fallado a Dios; pero esa tristeza nos lleva a la posterior alegría de ser perdonados y tener vida eterna. En cambio, en el mundo la tristeza es igual a muerte.

La razón principal del antagonismo entre Dios y las cosas del mundo la da 1 Juan 5:19: Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Ahora que sabes esto, ¿seguirás amando las cosas del mundo? ¿Ya ves por qué ser amigo del mundo es ser enemigo de Dios? O estamos con Dios o con el diablo que domina al mundo. Es hora de tomar la decisión y no vivir entre dos aguas. Dios te bendiga.

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